Otro año de postergación edilicia en la Escuela Nº 11 de Derqui

Le adjudicaron reformas hace 9 años. Pero hasta ahora, jamás se hicieron. En cada una de sus 15 aulas cursan más de 40 chicos. Los baños no están en condiciones ni hay lugar para la actividad física.

10 de marzo de 2013 - 00:00

“Estamos postergados desde hace casi diez años, y no entendemos por qué, nadie nos explica nada coherente, salvo que en la DGE no hay plata”, dijo amargamente la directora de la Escuela Nº 11 de Presidente Derqui, Carmen Herrera. No hubo clases por la huelga docente, pero ella debió acudir para recibir a padres que piden un espacio para sus hijos en un establecimiento que está superpoblado por el gran crecimiento demográfico de la localidad.

Es que desde hace casi una década se aprobó un proyecto de ampliación, habida cuenta que su matrícula de 700 chicos en Primaria, y unos 300 en Secundaria (Programa FINES), supera largamente el número establecido de alumnos por aula para un mejor aprendizaje: 25.

Sólo hay 15 aulas, y eso arroja el desmedido número de 46 chicos en cada una. Es una escuela señera: el próximo noviembre cumplirá 124 años. Fue la primera de Derqui y al día de hoy sus sanitarios apenas se mantienen. Son insuficientes si se considera que es una escuela de 16 horas diarias de clases. No hay para discapacitados, siendo que allí estudian varios, tampoco tiene rampas de ingreso o salida en su puerta principal, sobre la céntrica plaza Antonio Toro.

Carece de un patio acorde: es chico, desparejo, y en el que las clases de gimnasia es un riesgo para los estudiantes. Por eso los docentes no descartan ir con ellos a la plaza pública para poder practicar algún deporte.

“Ni hablar de los recreos. Se amontonan o se golpean porque son chicos que juegan, corren, y algunos se caen”, ejemplifica Herrera con el riesgo que eso implica pese al extremo cuidado de celadores y docentes.

Pero en ese patio lo peor ocurre con las lluvias porque no está techado y tanto maestros como alumnos se mojan desde la entrada hasta sus aulas.

 

Libros

Luego está el caso de la biblioteca, algo que estaba en el proyecto aprobado y, literalmente, desaparecido. Se debieron levantar dos paredes en un pasillo, y una de sus ventanas da a un aula. Su espacio es mínimo, los libros son muchos más de los que pueden caber en las estanterías -compradas por la cooperadora - y se amontonan en cajas de cartón o sobre viejas sillas.

“La bibliotecaria no puede tener a los chicos aquí, entonces tiene que salir al corredor con ellos; es muy difícil trabajar así”, reconoce la directora mientras pasa al lado de varias sillas y pupitres acumulados en un patio trasero.

Todos son para reparar, “porque hace mucho que no recibimos amoblamiento nuevo, y hasta nos cuidamos de no perder los tornillos y tuercas para que los puedan reparar”. Y eso se apoya en la donación de bajas mesitas y sillas que le hizo la iglesia de San Antonio de Padua para un aula que estaba completamente deteriorada.

En tanto, el Salón de Usos Múltiples muestra goteras desde hace años. “No sé qué pensar, si nos postergan apropósito o nos discriminan porque veo que en muchas escuelas del distrito, e inclusive de Derqui, se hicieron buenas reformas, y nosotros hace casi diez años que venimos atando todo con alambre”, finalizó Carmen Herrera sin ocultar su impotencia. n

 

 

 

A pulmón  

 

 

“Si no fuera por la cooperadora no podríamos dar clases”, aseguró la directora de la escuela 11, Carmen Herrera. La sentencia no está lejos de la realidad porque esa entidad, presidida por Irma Ponce, en 2012 compró los ventiladores de pared, y durante el ciclo lectivo se hace cargo de todas las lámparas fluorescentes, libros, mapas, casi toda la papelería para dirección y secretaría, estanterías y lo imprescindible para los varios actos escolares. Además asume el semanal gasto de artículos y elementos de limpieza para todo el establecimiento.  

 

Hace 9 años
Los detalles de un “proyecto fantasma”

Hace nueve años el Consejo Escolar de Pilar logró que la Dirección General de Escuelas aprobara un proyecto básico de obra: entre dos y cuatro aulas más, techado y reforma casi integral del patio, una biblioteca, y nuevos sanitarios. La licitación y adjudicación consumió dos años, y hace cinco se colocó un gran cartel anunciando los trabajos, la empresa constructora, el monto y tiempo de finalización de obra.

Ese cartel estuvo allí durante tres años, pero los trabajos jamás empezaron y, finalmente, el año pasado fue retirado. Las primeras explicaciones de los funcionarios del Consejo fueron que en La Plata se le había retirado la adjudicación a la empresa responsable “por serias irregularidades”.

Así iban pasando los meses con la ilusión, fomentada desde el Consejo Escolar, de una segunda licitación, adjudicación, y finalmente los necesarios trabajos. Pero nada. Ya las últimas respuestas fueron casi lapidarias: “Según (Darío) Pascual, en La Plata, no hay dinero para esto. Él presentó otro reclamo en el pasado diciembre y dice que le respondieron eso”, sostuvo Carmen Herrera a sabiendas de que el próximo año la Escuela 11 cumplirá, nada menos, 125 años, y que será en medio de la precariedad, postergación, y hasta casi indiferencia oficial.

 

Seguí leyendo

Dejá tu comentario

Te Puede Interesar