Ángel Fabián Spavioli es docente y vive en la calle Fermín Gamboa al 400, en el centro de Pilar. Desde hace cuatro años espera la Navidad de una manera distinta: prolijamente decora el frente de su vivienda con motivos navideños y el lugar se va convirtiendo en una especie de paso obligado para muchos y sobre todo para los chicos que quedan maravillados. La escenografía dura hasta el día de reyes.
Las visitas son constantes. Gente que pasa por la vereda y que sin pensarlo y empujados por lo que admiran sus ojos, se detienen ante tanta cantidad de adornos navideños. “Se puede ver bien de día pero a la noche es otro mundo, porque este año agregué luces en el alero y rosas chinas. Es un mundo mágico, porque hasta las 2 de la mañana vienen y sacan fotos”, comenta Spavioli.
Claro que semejante éxito tiene un puntilloso trabajo detrás que comienza a planificar cada año en los primeros días de diciembre. Con paciencia va armando la estructura que llevarán campanas, borlas y cuanto adorno haya pensado para el porche de la casa más mirada por estos días.
“Los chiquitos que pasan les dejan las cartas a las figuras de Papá Noel que tengo afuera y ahora se convirtió en un fin social como para mostrar a la comunidad”, continúa el docente.
Si bien su fanatismo por esta época del año y el catolicismo heredado de su abuela ya estaban latentes durante su juventud, fue logrando cierto personalismo al hacerse cargo de la tarea de adornar la casa con motivos navideños.
Todo nació en el año 1996 y tuvo como primer escenario el living de su casa de Fermín Gamboa, entre Víctor Vergani e Ituzaingó. Por aquel entonces, una joyería pilarense que había adquirido mercadería de Nueva York lo empujó a darle un toque de distinción al fin de año.
“Antes era el arbolito tradicional y el pesebre y después fui poniendo cosas en el exterior”, comenta.
Hoy le agregó los consabidos Papá Noel, renos y demás motivos navideños, todos conviviendo en perfecta armonía.
“Lo tomo como una catarsis. Le dedico dos o tres días, es una tradición para mí”, indicó Spavioli, quien asegura que “me desconecto del mundo, de lo laboral, de todo”.
Muy personal
La pasión que le pone al armado de la puesta en escena de sus objetos y adornos también se ve durante el momento en que hay que retirarlos para que vuelvan a sus cajas, que ocupan la mitad del quincho donde permanecerán hasta principios de diciembre próximo.
“Genera expectativas para el próximo año. Me da un poco de cosa desarmarlo pero cumple su ciclo ya pasada la Navidad y Reyes. Lo hago pensando qué innovación puedo tener para el año que viene”, agrega, mientras recorre con su mirada el living, en su mayoría adornado con objetos de colores verde y rojo.
Claro que además de ser él quien realiza una evaluación y un balance para lo que será la decoración en el siguiente año, también recibe un abanico de comentarios, entre los que se destacan los de agrado y admiración, por sobre algunos que, dada la gran cantidad de objetos, lo califican de excesivo.
“Me siento bien porque la gente ve el espíritu que hay y que pongo cada año”, sostiene, al tiempo que rescata como sus piezas favoritas a las borlas clásicas que “están siempre y van a estarlo amén de las que agregue después”. Claro que no quiso obviar los dos Papá Noel de tamaño real que dominan el porche y jardín de la vivienda.
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Días le lleva a Spavioli armar la escenografía y todo un año pensar qué innovaciones agregará en la Navidad siguiente.
Muy comentado
Recientemente, en el grupo de Facebook “Pilar en el recuerdo” una usuaria colocó la imagen del frente de la casa de Spavioli, lo que generó una catarata de comentarios, admirando su decoración. Para tomar nota: muchos de ellos pedían un reconocimiento para el mentor de la casa más navideña de Pilar.