por Juan Carlos Rodríguez
Con gran expectativa se vivieron los momentos previos al debut de Yamil Peralta en los Juegos Olímpicos de Londres. El Diario estuvo presente en la intimidad familiar y palpitó el nerviosismo y la ansiedad de la madre y hermanos en su domicilio de Del Viso y la tranquilidad y confianza de su padre, en su despacho de la Comisaría 3ª de Del Viso de donde es titular.
Desde hora muy temprana, la familia de Yamil comenzó el día pensando que en las próximas horas el joven boxeador debutaría en los Juegos Olímpicos. Su mamá Miriam preparó su equipo de mate y se acomodó en la gran mesa del comedor. A su lado se sentaron sus otros hijos, Joel de 17 años (también boxeador) y Shatavia, la más pequeña de 7.
A pocas cuadras de ahí, en la comisaría de Del Viso, su padre Jorge también se preparaba para ver por TV el debut de su segundo hijo varón. A medida que la hora del combate se acercaba, los nervios y la ansiedad se adueñaban de la intimidad de la casa de los Peralta.
La madre comentaba que instantes antes, había dialogado con su hijo Yamil y que lo escuchó muy tranquilo y confiado, aunque un poco preocupada porque había bajado de peso.
Sus hermanos menores, sin sacar sus miradas del televisor, observaban casi sin pestañear, la transmisión en donde en instantes aparecería su hermano. A apenas 500 metros de ese lugar, en la comisaría se gestaba otra reunión de amigos para ver el trascendental choque del que participaría el boxeador pilarense.
Llegó la hora tan ansiada y ya estaba todo dicho. Atrás quedaban, el temprano despertar de Yamil, el desayuno calentito elaborado por las manos de su madre, las caminatas hasta el estación para tomar el tren hasta el CENARD, “su lugar en el mundo” en los últimos tiempos, los de la preparación.
Y ahí se lo vio al boxeador pilarense ataviado de color rojo, caminando decididamente por los pasillos del gran estadio. Subió al ring, se realizaron las presentaciones de rigor y ya no había más nada que decir.
Sonó la campana del primer round… La mirada atenta del padre del boxeador sobre la TV, le dio tranquilidad a sus últimas horas de ansiedad y nerviosismo. Allí estaba su hijo, siendo observado por millones de personas en todo el mundo. Luego vino el segundo round y se notaba a ciencia cierta que el argentino ya sacaba ventajas en la puntuación. Pero en la tercera y última etapa, se confirmó la supremacía de la técnica y la velocidad de Yamil. Instantes después, el árbitro del encuentro, en el medio del ring, levantaba la mano derecha de la ilusión pilarense. Y ahí sí, los abrazos, los saludos, las emociones de los nervios contenidos, estallaron en la intimidad familiar. Los abrazos y las lágrimas dieron rienda suelta ante tan deseada victoria que el argentino acababa de lograr. El padre, emocionado y conmovido, pero con la seguridad de que su hijo había hecho lo que se esperaba, manifestó: “era lo que se esperaba. Él tenía plena confianza en su preparación física y táctica. Sabíamos y confiábamos en una victoria. Éste sólo es el primer paso, aún falta bastante, pero tengo fe que Yamil siempre va a dejar en cada pelea, lo mejor de sí”. En la intimidad familiar quedó la tranquilidad de que la primera tarea estaba cumplida. Ahora que pase el sigue…