Admiten que no pueden controlar quemas en el depósito municipal

Lo dijo el encargado del predio, José Kastelic. Culpó a cartoneros que ingresan sin permiso. Los incendios se repiten habitualmente. Y aunque sólo puede haber ramas y escombros, también aparecen otros elementos.
sábado, 28 de julio de 2012 · 00:00

El miércoles por la noche se registró un nuevo incendio en el predio de La Montonera, en el espacio en el Municipio descarga residuos de podas y restos de construcción. Se trata de un lugar que durante años fue reservorio de basura y de polémicas provenientes de los vecinos que sienten olores irritables y de los automovilistas que ven reducida su visibilidad al transitar por la zona a causa del humo por las frecuentes quemas.

En la edición de ayer de El Diario, una nota reflejaba la incertidumbre existente en torno a la quema de desechos de construcción y de residuos plásticos que se filtran. “Hacía cuatro o cinco meses que no se prendía fuego así”, explicó el subsecretario de Obras Públicas del Municipio, José Kastelic, encargado de coordinar las medidas de seguridad e higiene del predio. El funcionario detalló que el fuego fue iniciado pasada la medianoche del miércoles, y que había sido advertido por el nuevo sereno que cuida el terreno. Tal como lo había hecho anteriormente el coordinador del lugar, Norberto Montes, Kastelic apuntó contra un grupo de individuos que “entran a cirujear al lugar desde el río para llevarse chatarra y cosas que les sirvan”.

Según la administración, son estas personas las que también habrían ocasionado siniestros anteriores. “Me vuelven loco. A la madrugada no hay manera de frenarlo”, mencionó Kastelic, quien estuvo trabajando en el lugar con varias máquinas y aseguró que el jueves por la tarde el fuego había sido extinguido, ya sin presencia de humo, que por aquel entonces se había expandido hacia la zona del Parque Industrial.

 

Falta de control

En cada ocasión en la que se produce un incendio en el predio de La Montonera donde el Municipio, por convenio con el Obispado de Buenos Aires, arroja deshechos de podas y escombros, son los bomberos los que deben acudir a su ayuda, para que el fuego no se disperse hacia otros campos.

Particularmente pasa en época de verano, cuando las quemas de pastizales son el principal enemigo diario de los bomberos.

Pero desde el cuartel central informaron que durante el invierno también se ocasionan, debido a que las heladas secan los pastizales, dejando el terreno en condiciones aptas para que arda intensamente el fuego que surge desde el foco de este predio.

“Se había calmado, hasta esta semana”, mencionó uno de los bomberos, quien contó que “supuestamente hay ramas y te encontrás con basura”.

El Municipio realiza un control respecto a las descargas, pero en el lugar también arrojan volquetes contratados por particulares, con un costo de 30 pesos. “Alguno que otro tiene plástico”, mencionó José Kastelic y continuó: “pero quedan debajo de todo y no se los puede ver”.

 

Humo

Una mala costumbre

Desde el área de Salud Ambiental de la Comuna, la doctora Maricarmen Luna Pinto, brindó detalles sobre las consecuencias de las quemas que se producen en cualquier región semi urbana. La funcionaria explicó que la quema de cualquier objeto produce irritación en los ojos, además de la baja visibilidad. Asimismo, manifestó que afecta a las vías respiratorias, mayormente en las personas más vulnerables con problemas bronquiales. Pero también dedicó unas palabras a la contaminación del aire: “si hay otros residuos, como plásticos, estos emanan otro tipo de gases, que pueden contener partículas tóxicas”.

“Hay una cuestión cultural que el vecino quema hojas, y genera constantemente una exposición de humo. Es algo que se ha hecho costumbre”, expresó la doctora.

 

Accidente 

En la mañana de ayer, Pilar amaneció bajo una densa neblina, pero fue en la zona de La Montonera, donde el banco de niebla se manifestó más concentrado, también ocasionado por el cauce del río Luján, que pasa por debajo de la ruta 8 a metros donde ocurrió el múltiple accidente provocado por la poca visibilidad que dejó como saldo un muerto. (ver página 12).

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