Cuatro casos testigo e insólitos

22 de julio de 2012 - 00:00

Hasta en las mejores familias

Los conflictos entre vecinos no distinguen niveles socieconómicos. Incluso alcanzan a ser mucho más intensos puertas adentro de los barrios cerrados dada la cercanía de las viviendas y la imposibilidad de construir medianeras.

Tal fue el caso de dos paquetas vecinas de un country de la zona que no conseguían ponerse de acuerdo en los límites de cada terreno. Ni la administración del barrio privado ni la palabra de los agrimensores fue suficiente para que las vecinas lleguen a un acuerdo.

Así es como cada viernes el jardinero de una de ellas era víctima de una curiosa determinación: debía “correrle los mojones” a los vecinos moviendo las plantas del cerco 10 centímetros hacia el terreno de al lado.

Los domingos por la noche, la escena se repetía del otro lado del perímetro: los vegetales eran desplantados y vueltos a colocar en su ubicación anterior.

Los intentos en Mediación fueron en vano y los vecinos no lograron llegar a un acuerdo. Así, ya maltrechas, las plantas se enfrentarán a un nuevo traslado al caer esta noche.


 

Con los conejos no

La historia enfrentó a dos vecinos de entrada edad e igual amor por los animales. Tentadores resultaron los conejos de la señora para los perros del vecino que más de una vez regresaron de la casa de al lado con la presa entre los dientes. El hombre que ofrecía reponerlos o incluso pagarlos no entendía la negativa de su vecina. Es que para ella los animales tenían un valor afectivo imposible de poner en monedas. “Significaban tanto como el perro para el vecino”, apuntan desde Mediación. El caso se resolvió con comprensión mutua y, claro, con el refuerzo del cerco perimetral.

 

 

Lo estamos filmando

El caso llegó a Mediación a través de un video filmado por los propios damnificados. En las imágenes podía verse claramente la bolsa de basura voladora que todos los días saltaba misteriosamente la medianera para desparramarse en el terreno del vecino. La provocación no era más que el detonante de un conflicto donde el protagonista era un árbol lindero a la medianera y el potencial peligro de sus ramas. El acuerdo, en este caso, sigue esperando.

 

Mi reino por un gallinero

Lo que unió la amistad, que no lo desuna un gallinero. Con esa frase bien podría haber arrancado la audiencia de mediación entre dos familias cuya amistad de dos décadas se hizo añicos por los plumíferos

Las hijas crecieron juntas, compartieron el secundario y entablaron un vínculo casi de hermanas. Pero no todo siguió en esos carriles. Peleas adolescentes mediante, el alejamiento terminó de detonar cuando una de ellas, ya convertida en madre, dejó de tolerar el histórico gallinero de al lado.

Malos olores, presencia de roedores, falta de limpieza y para colmo de males, el canto de un inoportuno gallo que le robaba el sueño al bebé.

Afortunadamente, entre reproches cruzados y trapitos al sol, la historia tuvo un final feliz. Acordaron mudar el tan preciado gallinero a un lugar del terreno alejado de la vivienda lindera. Y como si fuera poco, los trabajos de traslado los realizaron en conjunto ambas familias.

Seguí leyendo

Dejá tu comentario

Las Más Leídas

Benjamín Díaz tenía 9 años y falleció en el acto tras ser embestido por un automóvil. 

Te Puede Interesar