“Vienen de Los Laureles, del fondo de Monterrey, del Triángulo. Son todos de Derqui”. Conocedor de los barrios y la gente que los habita, Mario, el vecino que habla con El Diario, asegura que a diferencia de los saqueos del 2001, no hay gente llegada de otros distritos.
Son varios cientos de personas, la mayoría jóvenes que se agrupan en las esquinas y, cada tanto, intentan ingresar a algún comercio, casi siempre sin éxito, corridos a balazos de goma por la policía.
Pero el núcleo duro de los promotores de los disturbios estaba rodeado por otros vecinos, incluidas mujeres de los barrios que llegaban al centro de Derqui y, al otro lado de las vías, a la calle Alfaro, de Monterrey. Venían con bolsas red vacías, como si salieran a hacer las compras. Pero no pensaban comprar nada.
Los dirigentes políticos con los que habló El Diario en el lugar, incluido el intendente Humberto Zúccaro, descartaron que los actos de vandalismo en Derqui hayan sido promovidos con fines políticos. De hecho, algunos reconocieron entre los jóvenes que corrían por las calles arrojando piedras del ferrocarril a habituales participantes de actos de diferentes agrupaciones, de las cercanas al gobierno y las que se le oponen. Incluso, de las mismas organizaciones cuyos militantes más encuadrados trabajaron ayer para tratar de disuadir a los violentos y minimizar así los daños.
Pero la falta de móviles políticos no significa que no hubiera organización detrás de los robos masivos. Varios sindicaron a un vecino de un asentamiento de Monterrey, de nombre Darío, como quien alentó a los jóvenes a cometer desmanes. De hecho, varios recuerdan haberlo escuchado adelantar los hechos ocurridos ayer con varios días de anticipación.
Darío, con sus muletas que usa como secuela de la caída de un tren del San Martín, estuvo toda la tarde en la estación y negó tener participación en el barrio. Incluso cuando dirigentes de la agrupación La 17 lo fueron a ver a su casa, con las aguas ya más calmadas.
