Cumple 10 años un reclamo vecinal por la invasión de moscas

Aseguran que la avícola que provoca el problema no puede permanecer en esa zona urbana. En el 2007 se había ordenado la clausura definitiva del establecimiento; pero nunca se cumplió.

28 de enero de 2012 - 00:00

 

Miles de moscas en las ventanas de las casas vecinas. Se agrava en verano.

Pasaron 10 años pero el problema que padecen centenares de vecinos del distrito sigue zumbando. Porque habitantes de la zona lindera al establecimiento avícola denominado Plumas Blancas –ubicado a la altura del kilómetro 5 de la ruta 28- continúan denunciando, al igual que una década atrás, una invasión de moscas que altera su calidad de vida cada vez que llega el calor.
Quienes advierten de manera reiterada sobre este problema que no encuentra solución son residentes de viviendas particulares y de urbanizaciones privadas situadas a la vera de la ruta 28 como, por ejemplo, los countries Golfer’s y Chacras de Murray.
Para que el reclamo cobrara representatividad, los vecinos se encargaron de recolectar más de 300 firmas que hace algunos años respaldaron el pedido formal ante las autoridades gubernamentales municipales y provinciales tendiente a que la granja cuestionada sea relocalizada fuera de zonas urbanas. Los habitantes damnificados de aquel lugar del distrito argumentan también que en los alrededores existe además un colegio –el Martín Fierro- al que asisten unos 300 alumnos que se ven afectados de manera cotidiana por la invasión de insectos que pone a su vez en riesgo la salud de chicos y adultos.  
“La realidad es que desde hace 10 años a esta parte la invasión de las moscas no sólo que no cambió sino que fue empeorando. La verdad es que así no podemos seguir viviendo, los olores que genera la granja son nauseabundos y no podemos salir ni al patio de nuestras casas por las moscas. La única solución es que se ordene el traslado de esta granja porque no puede permanecer en una zona urbana donde hay un colegio y donde viven tantas familias”, manifestó María Magdalena Valdez, una de las damnificadas.

Sin habilitación
Vale recordar que a fines de enero del 2007, el insistente reclamo pareció encontrar eco por parte de las autoridades municipales. Porque el gobierno anunció por aquel entonces la quita de la habilitación al establecimiento avícola Plumas Blancas, medida que se pensaba que derivaría en el corto plazo en el cese definitivo de la actividad de la granja en ese lugar, cuestión que hasta ahora nunca ocurrió.
Esta resolución había causado en un principio satisfacción entre los habitantes de la zona, quienes hacía seis años le venían solicitando a la administración comunal el cierre del criadero que, según aducen, genera una incontrolable invasión de moscas que atenta contra la calidad de vida de la población lindera.
El intendente Humberto Zúccaro y el entonces jefe de Gabinete Osvaldo Pugliese comunicaron en ese momento la determinación en el salón V Centenario del palacio municipal durante un encuentro que mantuvieron con los vecinos damnificados por el accionar de Plumas Blancas.
Luego de la reunión, Pugliese había descrito incluso las razones de la medida adoptada. “Esto tiene que ver con ir resolviendo un problema que es mucho más profundo que una granja avícola y que se generó en los 90 con el crecimiento desmedido de emprendimientos urbanísticos privados en lugares con zonificación rural”, explicó el ahora ex funcionario por aquellos días.      
Pugliese había ido más allá aún; agregó que debido a las fallas heredadas en el planeamiento urbano del distrito, la parcela que ocupa la avícola clausurada definitivamente quedó encerrada entre barrios privados, lo que derivó en múltiples trastornos para los habitantes del lugar.
En el 2007, cuando se ordenó la clausura, Plumas Blancas poseía una población de gallinas cercana a las 60 mil ponedoras, cuestión que hacía prácticamente inmanejable el nivel de moscas atraídas por las larvas que se reproducen en el guano –estiércol- húmedo.


Una clausura nunca ejecutada
Si bien ya en el 2007, luego de la clausura, las autoridades municipales habían reconocido que el cese definitivo de la actividad de Plumas Blancas demandaría un tiempo y que el proceso que derivó en la quita de la habilitación al establecimiento fue complejo y prolongado, lo cierto es que hoy –cinco años después de aquella medida- la avícola continúa funcionando.
Para que el cierre fuera efectivo, la Secretaría Nacional de Seguridad Alimentaria (SENASA) debería haber ordenado la prohibición de venta de los productos de la avícola elaborados en Pilar.
A su vez, para que Plumas Blancas dejara de funcionar, el Ministerio de Asuntos Agrarios bonaerense tendría que haber organizado el operativo de traslado de las gallinas hacia otro establecimiento.

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