Juguetes con historia
Mario Morales (53)
“Las figuritas de chapa venían en sobres, pero no tenían álbum, eran para jugar, por ejemplo a la ‘tapadita’. Me las llevé de la casa de mi mamá cuando me casé, junto a otros juguetes, como un balero y un yo-yo. Son juguetes que uno recuerda siempre”.
Lorena Castro (33)
Fue un Día del Niño, hace 27 años, cuando Lorena recibió al clásico bebote con panza de goma espuma y extremidades de plástico con el que hoy juega su hija de 1 año. Fue su mamá la encargada de velar por la suerte de la muñeca para que hoy llegue sana y salva a la generación más reciente de la familia. “Me acuerdo –cuenta- que estaba fascinada con ese bebé, no me separaba de él ni para comer”. Hoy, el legado está en manos de Juana.
Guillermo Peluso (41)
“Eran el Gi Joe argentino”, afirma Guillermo que no dudó un segundo a la hora de elegir entre su colección de juguetes al buzo templario que recibió como regalo a los 10 años. Quizás por ser el obsequio más esperado en mucho tiempo, quizás por haber venido de la mano de su papá, fue su favorito en los años de juegos en la vereda y más imaginación que juguetes. Es por eso que el intacto muñeco ocupa su lugar de privilegio entre los cientos que descansan en su atelier.
María Cecilia Cataldo (42)
La reina, como ella se sentía con su abuelo en cada paseo de domingo. Así es Pececita en la biblioteca donde descansa fiel a Cecilia desde hace 36 años. La eligió en Harrod´s después de un paseo al zoológico con su abuelo a quien poco tiempo después la salud le jugó una mala pasada. Por eso, ni los años, ni los cambios, ni los hijos pudieron apartar a Cecilia de la muñeca con pelo amarillo, purpurina en los ojos y peces en la mano.
Virginia Pugliese (31)
No recuerda en qué momento Lloriquelo empezó a formar parte de su vida. Intuye que el inclasificable muñeco de cuerpo negro, pelo claro y lágrimas permanentes estuvo en su casa de Ushuaia antes de su propia llegada. Hoy, mudanza mediante, el muñeco triste al que nunca terminó de consolar la sigue mirando de cerca en una vitrina de su habitación.
Graciela Labale (60) y Juanchi Alonso (26)
Madre e hijo con sus juguetes de la infancia. Ella con su proyector Hollywood que le regaló su tío Miguel Franco, papá del médico del mismo nombre, a los 3 años. Tenían muy pocas películas y que con su primo las pasaban de derecho y revés en interminables “sesiones de cine”. Él con sus Piluquis, unos autitos indestructibles que iban hasta a la playa para organizar carreras en la arena con sus primos o para jugar en el fondo de la casa con sus amigos del alma Maty Caratcoche y Tomy Victorica.
Alejandro Inamine (46)
“Pasaron en mi caso muchos años, y muy cuidadoso no era… Me quedó un juego de bowling, todo en madera, porque esos no se rompen (risas) y tengo un juego de ajedrez y un globo terráqueo que todavía conservo. El globo es de 1970, el bowling de 1973 y el ajedrez de 1977”.
Iván Giordano (20)
“Los playmovil todavía están sentados en la biblioteca de mi cuarto, pero ahora junto a los libros de Derecho. También guardo una camiseta de Boca, la primera con la que salimos campeones en la era Bianchi. Me la regaló mi abuela”.
Javier Pagani (31)
“Tengo un autito Porsche a control remoto, desde los 10 años. Con mi mujer hice un pacto: si nacía varón le dábamos ese auto, y si era nena, una muñeca que ella todavía guardaba”. Como nació Genaro, el Porsche pasó a una nueva generación. “Lo voy a reacondicionar para que lo pueda usar”.
Humberto “Mono” Asturiano.
“Me compré este skate a mediados de los ’70, cuando en Pilar no tenía nadie. Después estuvo exhibido en un local que tenía, Aruba. A fines de los ’80 llegó el boom de los skates, y en el Día del Niño de 1988 vendí cerca de 250… Los pintaba yo mismo en el local”.