Chau Pucho: debate entre pro y contras

El entusiasmo de los fumadores pasivos choca con los que tienen la adicción que reclaman que el Estado dicte leyes para apoyar la recuperación. Los bares prevén caídas en las ventas.

viernes, 3 de junio de 2011 · 00:00

 

Fumando espero. El mozo de Lyons pide que se asista a los fumadores.

 

“Fumar no es un delito, es una adicción y si se saca una ley antitabaco también debería sacarse alguna ley que ayude a los fumadores”, afirma Héctor Salgueiro, de 55 años, y fumador desde hace 43, mientras se acomoda en la barra del bar donde trabaja; prende un cigarrillo, uno de los 40 que enciende a diario.

La Cámara de Diputados de la Nación votó la ley antitabaco que entre otras cuestiones prohíbe el cigarrillo en todo lugar público cerrado. Es decir, que sólo se podrá fumar en viviendas particulares o lugares al aire libre.

La medida ya cosecha defensores que ven en ella un resguardo a su salud y detractores que la entienden como injusta en relación a las escasas posibilidades que brinda el Estado para que los fumadores se recuperen de la adicción.

Exponente del primer grupo y referente de la cruzada antitabaco, el concejal oficialista Miguel Saric fue uno de los primeros en celebrar la iniciativa, aunque con reparos.
 “A mi me alegra pero espero que se cumpla, porque la ordenanza municipal no se cumple y tampoco se sanciona”, expresó Saric a El Diario, en referencia a la ordenanza local que prohíbe el cigarrillo en oficinas públicas y que está lejos de tener un cumplimiento efectivo.

“Los principales que no la respetan son los concejales, en el Concejo se fuma y cuando yo llego todos apagan el cigarrillo como si llegara el cuco”, disparó el edil, para opinar que “los argentinos somos hijos del rigor.

A Laureano Morales, de 30 años, la ley le parece “fantástica”, aunque se apura en aclarar que “no por malo sino porque el problema de los fumadores es que no se dan cuenta que le hacen mal a los demás”.

El joven, que entre su guardarropas aparecen remeras con la leyenda “Prohibido fumar” u otras más polémicas, con la cara de Sandro y la frase “maldito cigarrillo”, asegura que en su casa “está terminantemente prohibido fumar y al que no le gusta, que no venga” y que su fundamentalismo anti-tabaco le valió alguna discusión con amigos e incluso la ruptura con alguna novia fumadora.

 

Eso no se hace

En la vereda de enfrente, Salgueiro reprocha que con este tipo de medidas “a una persona que llegó a la adultez lo tratan como a un niño”. En el mismo sentido, Enrique Guerra, fumador desde hace 55 años afirma que “nunca me gustaron las prohibiciones”, y sin dar vueltas asegura que “nunca me propuse dejar de fumar, es una decisión personal y el que no quiera estar cerca mío que no esté”.

Menos intransigente, Salgueiro asegura que “me gustaría dejar el cigarrillo pero nunca pude” y reclama “medidas de salud públicas, tratamientos gratuitos”. “Es una adicción muy fuerte –continúa- y la abstinencia te cambia el humor, el fumador lamentablemente no puede pasar muchas horas sin fumar, es una enfermedad”.

Es por esto que entre las preocupaciones del hombre aparece cómo hacer “para estar sin fumar mientras trabajo en el bar, he dejado de hacer muchas cosas por el cigarrillo como ir al cine o viajar al exterior a ver a mis hermanas, pero no puedo dejar de trabajar”.

Irónico, Guerra consideró que “es perfecta la ley, pero tampoco se tendrían que vender revólveres porque matan y tendrían que revisar los cinturones de seguridad en los micros”, señaló. Y coincidiendo con Salgueiro sostiene que “las pastillas para dejar de fumar salen 60 pesos, deberían ponerlas a un precio accesible para todos”.

Jura que en su larga trayectoria como fumador “tuve suerte, nunca me pidieron que apague un cigarrillo y mis amigos saben que fumo y no se meten, como yo no me meto con los que toman”.

Afortunado, al parecer no le tocó cruzarse con el edil oficialista, que no tiene reparos en reconocer que “varias veces le dije a un mozo en un bar que me retiraba porque estaban fumando y nunca tuve problemas en pedir que apagaran el cigarrillo, sino, directamente me levanto y me voy”.

La ley también estipula que los atados de cigarrillos deberán contener advertencias sobre la peligrosidad del tabaco, asimismo regula la composición de los cigarrillos y prohíbe la publicidad en medios y vía pública así como la venta de unidades sueltas y a menores de 18.


En los bares

Menos sobremesa y caída en las ventas

“Dejaré de ir a comer afuera a lugares cerrados”, anticipa Enrique Guerra y como él, tantos otros fumadores se verán obligados a despedirse de las largas charlas con café y puchos de por medio, a menos en lugares cerrados.

Al respecto, José Pellegrini, propietario del bar Lion´s vaticina que el efectivo cumplimiento de la ley hará caer un “30% las ventas”. En este sentido, explicó que “el cigarrillo y el café están muy asociados, antes la gente se tomaba dos o tres cafés y ahora se va a tomar uno para poder irse rápido a fumar”.

Lo mismo, adelanta, sucederá con las sobremesas de las comidas. De todas maneras, asegura que ve con buenos ojos la normativa porque “va a ser pareja y nadie va a tener ventajas, como con la ley provincial que el que tenía más metros cuadrados podía habilitar un lugar para fumadores”.

A la espera de la reglamentación, ya planea “instalar mesas afuera, incluso en invierno, porque al que fuma no le importa que haga frío”.

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