En el nombre de su madre. Cecilia De Vincenti (izq), participó del homenaje.
Con un monolito que simboliza la Pirámide de Mayo fue homenajeada Azucena Villaflor en Villa Astolfi. La fundadora de Madres de Plaza de Mayo que, además de sufrir la desaparición de su hijo, fue ella misma secuestrada, torturada y arrojada al mar durante la dictadura militar.
Del acto de inauguración del monolito participó su hija, Cecilia De Vincenti, que contó cómo cambió la vida de su madre desde la desaparición de su hermano Néstor, hasta que fue secuestrada en 1977.
“Siempre es bueno recordar a las Madres de Plaza de Mayo y la lucha debe continuar hasta que todos los militares que participaron de la dictadura y los civiles que fueron cómplices estén presos”, disparó la mujer.
Al mismo tiempo, De Vincenti, cuyo relato conmovió a todos los presentes en Astolfi, remarcó: “debemos tomar conciencia y exponerlo en las calles, para que esto no ocurra nunca más”.
Luego de las palabras de la hija de Villaflor, habló el intendente Humberto Zúccaro, que declaró su admiración hacia la entereza de la mujer que contó cómo encontró los restos de su madre tras 28 años de búsqueda.
La historia
La vida de Azucena Villaflor, cambió completamente con la desaparición de su hijo Néstor, a quien se llevaron el 30 de noviembre de 1976.
Fue así que la mujer salió a las calles, hospitales, comisarías, buscando a su hijo, sin obtener respuestas. Y el 30 de abril de 1977 Azucena y otras trece madres que buscaban a sus hijos, se manifestaron en la Plaza de Mayo y ante la orden policial de “circular”, decidieron caminar alrededor de la Pirámide de Mayo. Desde entonces y hasta hoy, las Madres lo siguen haciendo cada jueves, esperando justicia.
Pero el 10 de diciembre de ese mismo año, en el Día Internacional de los Derechos Humanos, las Madres publicaron una solicitada con los nombres de sus hijos desaparecidos. Aquella noche, Azucena Villaflor fue secuestrada por un grupo armado en su casa de Villa Dominico, Avellaneda.
En el operativo intervino Alfredo Astiz, quien desde junio del 77 había comenzado a concurrir a las reuniones del grupo de familiares haciéndose pasar hermano de una víctima bajo el nombre falso de Gustavo Niño. Fue él quien señaló a las madres que debían desaparecer.
Según contó Cecilia, su madre fue recluida y torturada durante cinco días en el campo de concentración de la ESMA y arrojada con vida al mar desde un avión, en un procedimiento conocido como vuelos de la muerte.
Su cuerpo apareció, junto al de otras víctimas, en las playas de Santa Teresita y fue enterrada como NN en el cementerio de General Lavalle y en 2005 con una prueba de ADN, sus restos fueron identificados.
