Un emblema: el público frente a la comisaría de Derqui. Fue víctima de los vándalos.
por Alejandro Benedetti
Lejos quedaron aquellos años donde tener una línea de teléfono era señal de estatus social. Entonces era toda una aventura la espera de un programa de instalaciones de la Empresa Nacional de Telecomunicaciones (ENTel) y, finalmente, poseer uno para poder comunicarse con el mundo.
Hoy, según datos oficiales, el teléfono fijo comenzó a transitar el camino de la extinción y, en particular, las cabinas públicas por el crecimiento de la telefonía celular y de Internet. En la Argentina son más de 53 millones las líneas de celulares, y los teléfonos fijos sólo 9,2 millones. Es que la novedad reside en que cada vez es mayor el número de hogares que opta sólo por celulares. Vale recordar que según la Comisión Nacional de Comunicaciones (CNC), entre 1993 y 2001, se duplicaron las líneas de teléfono fijo en la Argentina: pasaron de 4 a 8 millones. En cambio, entre 2001 y abril de 2010, el crecimiento fue tan sólo del 13 por ciento. Los factores para este cambio de hábito son varios: la posibilidad de comunicación por celulares desde cualquier lugar, las promociones de las operadoras de telefonía móvil, que permiten llamadas gratuitas entre grupos familiares, y, más recientemente, la posibilidad de Internet para llamadas telefónicas gratuitas o, a muy bajo costo, con cualquier país por medio del programa Skype.
Cabinas, el fin
En la Capital Federal, y hasta 2010, eran 13.000 los teléfonos públicos. Mientras que en el distrito de Pilar, entre Telefónica de Argentina y las diversas cooperativas telefónicas eran más de 150. Esta situación cambió drásticamente y así lo refleja el presidente de la cooperativa de Presidente Derqui, Julio Lacava. “En los últimos dos años –dijo- notamos una caída de llamadas de hasta el 80 por ciento. En promedio, hoy el uso de los teléfonos públicos se limita al 1% del total de líneas disponibles”. Y los motivos son varios porque el caso no se limita a aquella localidad si no al resto del Partido de Pilar que, a su vez, se refleja con el resto del país. “En los últimos 20 años instalamos más de 40 cabinas viales públicas, y hoy sólo quedan una o dos”, agregó el experimentado ingeniero.
En primer lugar fue clave la irrupción masiva de los teléfonos celulares. Luego se le acotó la incomodidad de contar con las monedas suficientes para una llamada de larga distancia. A eso se le agrega que los equipos se fueron desgastando con los años y muchas veces no reconocen las monedas, o pasan de largo desde la ranura hasta la devolución. Y finalmente está el vandalismo. “Nunca se tomó conciencia de la importancia de un teléfono público ante un caso de gravedad, y eso se expresó en su rotura a mano de inadaptados, el que dejamos frente a la comisaría de Derqui es un claro ejemplo porque lo destruyeron con total impunidad”, sostuvo Lacava mientras revisaba los restos del otrora flamante equipo. Hasta 2010 sólo el aparato valía unos 1.500 dólares, la cabina venía aparte y si tenía cúpula transparente para proteger al usuario de la lluvia o el sol, se abonaban otros 2.500 dólares. “Y la barbarie también se presentó en Villa Rosa porque allá literalmente arrancaron el público que también estaba frente a la comisaría, pero ojo porque en Pilar y en el resto del país fue casi igual” asevera el presidente de la cooperativa. Pero el caso más denigrante ocurrió con un teléfono público para hipoacúsicos en el centro de la ciudad de Derqui. Contaba con un sistema de teclado con teletipo y luego de abonarse por él unos 5 mil dólares, los malvivientes lo rompieron en escasos meses. “Hoy no tenemos un plan de renovación de los públicos, no existe la demanda de tan sólo diez años atrás, el celular ocupó ese espacio y lo constatamos en las pocas personas que usan los públicos de nuestra sede”, explicó finalmente. En cuanto a la ciudad de Pilar casi nada es diferente. Sólo los ubicados en la vereda de Telefónica de Argentina funcionan y alguno que otro instalado en bares céntricos. Pero para los primeros en la empresa se reconoce que se les debe hacer un constante mantenimiento por lo mismo: el vandalismo que, inclusive, intenta robar las monedas.
Orígenes
El primer teléfono fue inventado en 1857 por un humilde italiano: Antonio Meucci quien crea el Teletrófono. Lo patentó, pero tras dos años no pudo pagar la patente y ésta caducó. Eso generó que en 1876 Alexander Graham Bell presente el mismo aparato, aunque rebautizado como teléfono. Pese a eso, en 2002, el Congreso de los Estados Unidos reconoció la autoría de Meucci.
En 1881, llegan al país las primeras líneas. Se instalaron en los domicilios del presidente, Julio A. Roca, y del ministro de Relaciones Exteriores, Bernardo de Irigoyen. Recién en 1946 incursionó el Estado porque el gobierno de Juan D. Perón creó la Empresa Mixta Telefónica Argentina, que en 1956 cambió su nombre por ENTel; en 1990 fue privatizada por Carlos Menem.
En 2010, con la explosión del celular y la banda ancha, el teléfono fijo va camino a su lenta extinción, y las cabinas públicas casi a su desaparición.
El fenómeno, en números
• 13.000 cabinas había en Capiral Federal , hace 20 años.
• 150 se distribuían en todo el distrito.
• 53 millones de celulares hay en nuestro país.
• 9,2 millones de líneas domiciliarias.
• 13% creció la cantidad de líneas domiciliarias en los últimos diez años.
• 1% de las llamadas telefónicas en el distrito son hechas desde teléfonos públicos.
