Dormir la siesta, esa práctica que está teniendo revancha
Una buena siesta no se le niega a nadie, o por lo menos no se debería negarla: muchas veces subestimada, la siesta ha pasado a ser objeto de estudio y valorización por los profesionales. En los últimos años, se ha vivido una especie de reivindicación de su práctica, tanto que la que hoy termina fue la “Semana de la siesta”.
Consultado por El Diario, el Dr. Daniel Pérez Chada, jefe de Neumonología del Hospital Austral y experto en cuestiones del sueño, reafirmó su importancia indicando que “las siestas son beneficiosas y aportan una cuota de energía adicional”.
El médico comenta que “la sociedad está privada de sueño en forma progresiva: durante los últimos 40 años, hemos perdido el 25% de las horas de sueño (se duermen unas 6 horas de promedio). Esa deuda de sueño que tenemos nos lleva a tener una peor calidad de vida, un menor nivel de alerta, mayor riesgo de accidentes… Es decir, una serie de condiciones muy negativas”.
Pérez Chada explica que esto se debe “a la alta presión que tenemos, con múltiples responsabilidades, en todas las edades: los chicos van al colegio y después tienen actividades extracurriculares, los adolescentes tienen otros intereses, los adultos trabajamos más o nos divertimos más… Cualquiera sea la situación, siempre es en desmedro de las horas de sueño. Entonces –agrega-, se prolonga artificialmente el día, se achican las horas de la noche y tenemos estos resultados tan negativos para la comunidad, que es estar cansados y dormidos durante el día, como consecuencia de una situación anormal, porque hemos adaptado nuestro organismo a la demanda de la sociedad moderna”.
Entonces, un buen remedio para paliar esta situación es la siesta, las que, según el especialista, “cuando son programadas y no duran más de 35 o 40 minutos, cumplen un efecto restaurador, porque le permiten a la persona recuperar un nivel de alerta adecuado”. Eso sí: dormir toda la tarde también es negativo. “Cuando superan la hora y media y son interrumpidas, se produce una interrupción en la arquitectura normal del sueño. Es decir, cortar el sueño cuando está consolidándose tiene efectos negativos. Eso es producto de lo que se conoce como ‘inercia del sueño’, que es el tiempo que tarda una persona para adquirir el alerta óptimo”.
Asimismo, en algunos países como Japón, Alemania y EE.UU. varias empresas han implementado “siestarios” para sus empleados, es decir, lugares destinados a dormir. “Estoy de acuerdo con eso –dice Pérez Chada-, es algo bueno porque la siesta permite descansar y recuperar energía, siempre que sean programadas y breves. Espero que llegue a la Argentina, al fin y al cabo no se necesita demasiada infraestructura para hacer algo así”.
Opinión
Me da vigor y actitud
por Marcelo Castillo*
Los expertos han hecho estudios sobre la siesta, pero yo lo puedo comprobar empíricamente… No tengo otra alternativa, porque los santiagueños ya lo tenemos incorporado ancestralmente. Como consejo, no hay que acostarse después de almorzar, sino que hay que dejar pasar una hora, o caminar un rato, y después sí descansar. El tiempo depende de cada persona, pero yo duermo no más de una hora y media.
Sé que lo implementan para sus empleados algunas empresas de EEUU, Japón y en otros países del Primer Mundo, pero parece que nosotros ya éramos adelantados en el tema…
La siesta está generalizada en el interior, es sagrada. Creo que el clima cálido favorece a esta actitud de cortar el día, por eso es muy probable que sus habitantes se acostumbren a hacer este descanso.
Siempre me tomo un tiempo para la siesta, sábados y domingos con más razón. En aquellos días en los que no puedo dormir la siesta por algún motivo, se nota más el cansancio a la tarde. Con la siesta me siento con más vigor y actitud para seguir el día.
*Médico y presidente del Concejo Deliberante.