¡Levantando las manos!

domingo, 9 de mayo de 2010 · 00:00

 

por Víctor Ejgiel 

Con motivo de la celebración de las 4.000 ediciones de El Diario Regional de Pilar y el próximo aniversario de su creación, hecho que también celebro y felicito a todos aquellos que lo “hicieron” y se metieron en el impresionante desafío de hacer una edición diaria para comentar todo aquello que ocurría por estos pagos, cosa que parecía, por lo menos, raro, me puse a pensar cómo habrá sido posible dicha creación teniendo en cuenta que en esa época existía, como por ahora, la ley de medios que ahora llaman de la dictadura, supuestamente tan discriminatoria y que impide la opinión de los pueblos.

Entonces empecé a analizar todas aquellas leyes cambiadas con el eslogan de que fueran creadas por la última, y espero que así sea, la última dictadura de este país, y como bajo ese “título” se ha buscado, a veces, favorecer decisiones propias de gobiernos, no solo éste, sino todos.

Hoy creo que no quedan dudas de cómo gracias a Raúl Alfonsín se pudo llevar a cabo un juicio a militares único en el mundo, tan único que le costó su gobierno, ya que la entrega anticipada del poder al próximo presidente, Carlos Menem, incluyó el pacto de hacerse cargo de la firma de la Ley de Obediencia Debida, que ya había sido exigida por ellos mismos. Luego, con la visión de cómo el gobierno militar había desmantelado las empresas del Estado, el señor de las grandes patillas regaló, aunque hoy sabemos que no fue tan regalado, todas las expresiones nacionales de comunicaciones, de transporte, de hidrocarburos, de todo.

Pero no debemos olvidarnos de algo fundamental, todas estas decisiones recayeron en el Congreso que se encargó de aprobarlas para darles la legitimidad exigida por la ley, y, como supuestamente ellos son nuestros representantes, podríamos decir por transición directa que fue nuestra decisión.

Como gracias al eslogan de “ley del gobierno militar” no se busca si es buena o mala, es directamente mala, y hay que cambiarla. Sin embargo, nadie se fija en las otras leyes creadas por gobiernos democráticos y que en su momento muchos protestaron, pero hoy con la posibilidad de reemplazarlas no lo hacen.

La tablita de Machinea, el impuesto a la ganancia, que dice que alguien que gana más de $4.000, gana demasiado y debe darle parte de esa ganancia al Estado, no importa si se rompió eso que no podemos decir laburando de sol a sol.

El famoso impuesto al cheque que se creó como una necesidad por el estado de emergencia económica del 2001 y, por más superávit que exista no se deroga. Los famosos “derechos de exportación”, esos que hicieron que muchos debieran resignar sus ganas de exportar porque el Estado te cobra una “coima legal” para poder vender algo en el exterior.

Con la última votación del cambio en la ley civil de matrimonio, permitiendo la unión de parejas del mismo sexo, cosa que también celebro, se pudo ver cómo en el Congreso, específicamente en la Cámara de Diputados, se dio “libertad de acción” a cada legislador para poder tener una decisión propia sobre el tema. Es decir que en otros casos son simples levantadores o no de manos de acuerdo a la decisión del partido al que representan, ¿Por qué no existe esa libertad de acción siempre? ¿No debería ser así? ¿Nosotros votamos diputados y senadores para responder a un partido político o para representarnos?

A veces se superpone también el eslogan de la famosa “democracia” pero tampoco se actúa en consecuencia a ella, ¿Acaso el limitar el poder de decisión de un legislador por el sólo hecho de tener que responder a su partido no es dictadura?

Hay muchas cosas para cambiar en este bendito país, y no sólo las leyes de la dictadura.

 

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