Milagro en tierras de Pilar

La Virgen de la Limpia y Pura Concepción del Río Luján, durante 41 años tuvo su primer santuario en la zona de Zelaya, en una estancia sospechosa. Su sirviente fue el Negrito Manuel.

8 de mayo de 2010 - 00:00

El Lugar del Milagro fue el primer “hogar” de la Patrona de nuestro país.

 

Una estancia de Pilar fue el sitio elegido por la Virgen de Luján para obrar su primer milagro. Aquí decidió quedarse. Corría el año 1630 cuando, por encargo de un poderoso vecino de Córdoba del Tucumán, Antonio Farías de Sáa, arribaban desde el Brasil al puerto de Buenos Aires dos imágenes de la madre de Dios.

Con el fin de entregarlas al caballero en su hacienda de Sumampa, donde deseaba venerarlas en una capilla que había construido, los cajones de madera que contenían las tallas fueron acomodados en una carreta alineada en una tropa que transportaba mercaderías y esclavos, para ser vendidos en Potosí.

La estancia de los Rosendo, a orillas del río Luján (hoy Zelaya) era para ese convoy un alto de importancia: allí debían cargar o descargar algunas mercancías. También el lugar era propicio para el contrabando de mercaderías, lo que la convirtió en una estancia sospechosa.

Pero volviendo a nuestra historia, luego de hacer noche en aquella hacienda, decidieron emprender la marcha. A la orden de partida, todos los bueyes comenzaron a arrastrar las carretas, excepto la que contenía las sagradas imágenes. Las bestias se mantenían inmóviles a pesar de la picana aplicada por los carreteros y los esfuerzos de los jinetes por azuzarlas.

El tropero a cargo dio orden de revisar la carga. Uno de los peones bajó el cajón que contenía la talla de la Virgen, e inmediatamente, los bueyes comenzaron a marchar. Sin entender cuál había sido el motivo volvieron a cargar el cajón, y otra vez la carreta se detuvo. Extrañado, el carretero indicó que bajaran el cajón que guardaba la otra imagen. Nada cambió. Pensó por algunos instantes y luego ordenó que cambiaran los cajones. Así lo hicieron, y los bueyes volvieron a andar. Los troperos gritaron: “¡Milagro! Es la Virgen que aquí quiere quedarse”. Abrieron el cajón y apareció una talla de Nuestra Señora de la Limpia Concepción.

Peones, arrieros, esclavos y troperos la escoltaron en procesión hasta la casa de la estancia. Un pequeño esclavo de 8 años, llamado Manuel, fue asignado para cuidarla.

De inmediato aquel extraño suceso circuló por la zona. Se le construyó una ermita y numerosos peregrinos acudieron a visitarla. Fue bautizada “Nuestra Señora de la Concepción del Río Luján”.

Por 41 años continuó su culto en Pilar, hasta que en 1671 la imagen fue comprada por doña Ana de Matos, quien la trasladó a su estancia, distante 30 kilómetros del lugar del milagro. Allí creció la aldea de Luján, hasta convertirse en la ciudad mariana de la Argentina.

 

El negro Manuel

Al comentar el milagro de la Virgen dijimos que un pequeño esclavo fue destinado a servir a la Virgen en la estancia de Rosendo. Las crónicas indican que era de rara candidez y simplicidad y que cumplió el encargo de su dueño al decirle “que era de la Virgen, y que no tenía otro amo a quien servir que la Virgen Santísima”.

Había sido capturado en la Costa de los Ríos, en Cabo Verde, África. Llevado al Brasil, desde allí viajó a Buenos Aires en la misma embarcación que transportaba las santas imágenes. Propiedad de Bernabé González Filiano, recibió el nombre cristiano de Manuel.

Vivía en la misma ermita de la Virgen y se ocupaba de la fabricación de velas destinadas a que la imagen estuviera siempre iluminada. Cantidad de peregrinos acudían a diario en busca de milagros.

Señalan las crónicas que, pasados los primeros años, sin hacer alarde el negro Manuel obraba poderosas curaciones usando el cebo de las velas que ardían ante la Virgen.

 

Milagros diarios

Lo cierto es que los milagros se sucedían día a día. Obispos, gobernadores, gentes de distinción y del pueblo llano visitaban la ermita para rendir culto a Nuestra Señora del Río Luján. Una de las más devotas y asiduas concurrentes era doña Ana de Matos. En 1671, ella ofreció al canónigo Oramás, como apoderado del padre Diego de Rosendo (dueño de la propiedad donde ocurrió el milagro), que le permitiera trasladar la imagen a su estancia situada en la otra banda del río Luján. Oramás aceptó la propuesta de la señora quien le pagó 200 pesos.

La imagen de la Pura y Limpia Concepción fue trasladada, pero el negro Manuel, por orden de Oramás, quedó en la estancia del milagro y, a partir de entonces, se produjeron una serie de prodigios.

Acomodada la talla el mismo día de su llegada en un cuarto bien situado de la estancia de doña Ana, cuando la señora fue a visitarla a la mañana siguiente, la imagen había desaparecido.

Hechas las averiguaciones sobre su paradero, doña Ana decidió cruzar el río Luján para visitar la estancia de Rosendo y allí, en la ermita, la encontró. Portándola entre sus brazos la llevó nuevamente a su propiedad. En la mañana siguiente tampoco la encontró. Volvió a cruzar el río y descubrió que milagrosamente la Virgen había regresado a las tierras de su elección. Sorprendida y con profunda tristeza, viajó a Buenos Aires para informar del suceso a las autoridades civiles y eclesiásticas.

El obispo fray Cristóbal de la Mancha y Velazco y el entonces gobernador del Río de la Plata, don José Martínez de Salazar, acudieron a la estancia de Rosendo a verificar de los hechos. Una vez allí, convencidos de que se trataba de un milagro, levantaron en andas la Santa Imagen, que a pie fue trasladada en procesión. Escoltados por peregrinos y soldados, todos hicieron noche en la Guardia Vieja, situada cerca del río Luján de esta banda, hoy ruta 8, y con el amanecer continuaron la marcha. La imagen fue ubicada en un altar dentro de la casa de doña Ana y el Obispo celebró una misa. A partir de entonces nunca más la Virgen de Luján volvió a la estancia de Rosendo en tierras de Pilar. Aquella vez la acompañó el negro Manuel, quien permaneció por siempre a su lado.

Data de los tiempos del traslado el que la talla fuera cubierta por vestidos y joyas. Mientras estuvo en la estancia de Rosendo, siempre se lució la imagen de terracota con las vestiduras pintadas en azules y blancos, pero las escapadas de la imagen continuaban. Ya el negro Manuel no sólo se ocupaba de que las velas ardieran permanentemente, sino que secaba el rocío y arrancaba los abrojos adheridos a los vestidos de la Santa Imagen en los milagrosos y comentados peregrinajes en auxilio de sus devotos.

El negro Manuel murió poco después y es tradición que su cuerpo fue sepultado detrás del Altar Mayor del Santuario que había hecho levantar doña Ana de Matos, ubicado donde se encuentra la Basílica de Luján.

La imagen de la Limpia y Pura Concepción eligió las tierras de Pilar como su primer asiento. La devoción de doña Ana de Matos hizo que fuera trasladada a 30 kilómetros del lugar por ella seleccionado. Dos veces la imagen regresó milagrosamente a la estancia de Rosendo, pero la férrea voluntad de una mujer logró convencerla de abandonar los pagos de Pilar.

 

 

 

Celebración  

Al celebrarse hoy el Día de la Virgen de Luján, la comunidad de Zelaya realizará una jornada de fe a partir de las 10.30, con la realización de diversos oficios religiosos en la Iglesia San José Obrero, sita frente a la plaza de la mencionada localidad (Carrión y González).

Finalizará la jornada a las 19 cuando el obispo de la Diócesis Zárate-Campana, monseñor Oscar Sarlinga, oficie la Santa Misa.

 

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