Procesión. Los fieles veneraron las imágenes por las calles del centro.
En la tarde de ayer, unos doscientos pilarenses participaron de un nuevo capítulo de la procesión del Cristo Yacente que partió desde la Parroquia Nuestra Señora del Pilar.
Los fieles cargaron con las imágenes de Cristo Yacente, la virgen María y el apóstol San Juan, reviviendo cada una de las 14 estaciones del Vía Crucis y entonando canciones litúrgicas.
Desde las 18, los fieles comenzaron a llegar al templo céntrico para ofrecer una oración en el Viernes Santo y acompañar la procesión.
Una hora más tarde, con gente que completaba la capacidad de la Parroquia y más seguidores en las veredas, las tres imágenes fueron alzadas por una docena de voluntarios, quienes las cargaron alrededor de la plaza 12 de Octubre, rezando y recordando la pasión y muerte de Jesús.
El rito que se desarrolla desde los comienzos del siglo XX, tuvo su nueva página en la tarde-noche de ayer con una gran concurrencia que renovó sus votos dentro y fuera de la iglesia.
Un gran número de velas encendidas, ruegos, cánticos y la fe siempre presente, fueron las protagonistas de la procesión que duró poco más de 60 minutos.
Al cabo de la caminata y una vez que fueron revividas las 14 estaciones, las imágenes fueron devueltas al templo céntrico, donde los fieles llegan a implorarle a diario.
Con historia
La procesión del Cristo Yacente, cercana a cumplir un siglo de vida, se lleva a cabo en la localidad cabecera desde principios del siglo XX, en momentos en que la población y la fisonomía del distrito eran muy diferentes a las actuales.
Originariamente se hacía a plena luz del día, pero en 1957 se estableció una reforma litúrgica a nivel mundial, desde el Vaticano, en la que se cambiaron muchos de los horarios, para ajustarlos un poco a los horarios verdaderos que indica la historia, como el de la última Cena.
En la reforma tuvo gran influencia la modernidad y los cambios en los ingresos a las ciudades y que la gente tuviese más facilidades para llegar a los templos.
En Pilar, la procesión data de tiempos en los que la energía eléctrica aún no existía, por lo que estaban obligados a realizarlo a la luz del sol. Y las calles eran en su mayoría de tierra y ante cualquier inclemencia climática, todo se relegaba y los fieles debían recorrer grandes distancias a bordo de vehículos precarios.
Sin embargo, la tradición nunca se interrumpió y se mantiene hasta nuestros días, con una ceremonia con mucha historia que convoca a un gran número de fieles.