El Cristo del cementerio, legado de la monumental obra de Salamone

El arquitecto tuvo su momento cumbre en la década del ’30. Sus creaciones están esparcidas por varios pueblos de la Provincia de Buenos Aires. Hoy se lo reivindica como vanguardista.

28 de febrero de 2010 - 00:00

El Cristo construido por Salamone en la vieja entrada al cementerio.

 

 

El cementerio de Pilar tiene unos 150 años de existencia y miles de datos, historias y leyendas entre sus paredes. Entre sus numerosos aspectos de relevancia, figura uno que no ha sido debidamente difundido: la presencia de una escultura de Francisco Salamone, arquitecto cuya obra ha sido “rescatada” por los expertos en los últimos tiempos.

En el sector más antiguo del cementerio aún hay fragmentos del viejo paredón, colocado en el predio cuando era mucho más chico que en la actualidad. Antes, al cementerio se ingresaba por la puerta lateral de la calle Lorenzo López, en la que hoy permanece firme una escultura de Cristo, de la que se confirmó que es una obra invalorable de Salamone, quien hizo historia entre 1936 y 1940 por sus monumentos en palacios municipales, mataderos y –claro está- cementerios de varios pueblos bonaerenses.

Desde hace aproximadamente un año a esta parte, la figura de Salamone ha recibido una especie de reivindicación por parte de los expertos y estudiosos de la arquitectura, dando lugar a libros, artículos en revistas y espacios televisivos que hacen referencia a la obra de este arquitecto ítalo -argentino.

Cuentan los memoriosos que, sobre la entrada del cementerio de Pilar, sobre la imagen tallada en piedra que hoy se conserva se erigía una cruz de dimensiones enormes, que se cree también habría sido obra del propio Salamone, debido a que el artista era adepto precisamente a las construcciones imponentes. En un acto que hoy es visto como un pecado imperdonable de los “planificadores” de aquellos tiempos, dicha cruz fue demolida algunos años después, y se estima que de su existencia no quedan registros fotográficos, o al menos no han sido dados a conocer.

 

Monumentalista

Francisco Salamone nació en Catania, Sicilia, en 1897, y fue uno de los tantos niños inmigrantes que llegaron a la Argentina acompañando a su familia. Hijo de un constructor, finalizó sus estudios en la Universidad de Córdoba, de la que en 1917 egresó con el título de Arquitecto e Ingeniero.

Afirman quienes estudiaron su obra que el “olvido” al que fue sometido luego de su muerte (en 1959) tiene que ver con razones ideológicas, ya que Salamone realizó sus grandes trabajos de la mano de Manuel Fresco, gobernador de Buenos Aires en la segunda mitad de la década de 1930, un hombre de ideas muy cercanas al fascismo y el nazismo.

Con el apoyo decisivo de Fresco, el arquitecto se embarcó en ambiciosos proyectos del tipo Art Decó en pueblos alejados de la Capital, como Coronel Pringles, Azul, Balcarce, Guaminí, Chascomús y, por supuesto, Pilar.

Sus obras tienen un denominador común: la monumentalidad, con estructuras de un tamaño que intimida, erigidas en medio de ciudades que por ese entonces eran poco más que parajes desolados.

 

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