Cuando los municipales dijeron basta

El 29 de abril de 2002, unos 500 empleados se movilizaron hasta el Municipio para reclamar sueldos. Intentaron entrar por la fuerza y tomaron el edificio por 16 horas.

23 de diciembre de 2010 - 00:00

 

La imagen es impactante por donde se la mire, y parece mentira que haya ocurrido en Pilar hace un puñado de años: el 29 de abril de 2002, unos 500 empleados municipales protestaron frente al Palacio Municipal para reclamar el pago del salario adeudado correspondiente a marzo y del medio aguinaldo.

Como se ve en la imagen –tomada por uno de los periodistas de El Diario que cubrieron el hecho-, durante la marcha los más exaltados intentaron derribar el portón principal del edificio comunal, valiéndose de vigas y otros elementos, pero fueron contenidos por la policía.

La tensión se extendió por casi 36 horas y no quedó solo en una protesta puertas afuera: cerca del mediodía del 30 de abril, alrededor de 200 trabajadores tomaron el Municipio para exigir sus haberes, cerrando las puertas del edificio hasta que se concretaran los pagos.

A las 14 llegó al lugar la guardia de infantería, con una decena de efectivos que se instaló frente al Palacio cargando las escopetas lanzagases y poniéndose en posición de tiro, pero luego de tensas gestiones de concejales, dirigentes y policías locales se evitó la represión.

Al lugar se acercaron varios mediadores a lo largo del día, como el por entonces ex concejal Humberto Zúccaro, quien informó a los trabajadores que habría dinero a partir de la medianoche, pero sin garantías de cobro para todos. También ingresó el fiscal Enrique Ferrari, informando sobre el derecho de iniciar acciones por malversación de fondos públicos.

Por la noche, los trabajadores montaron una olla popular en la puerta del edificio. Concejales opositores, vecinos y comerciantes acercaron alimentos para completar el guiso. Recién a las 22, y por una puerta que da directamente al despacho del intendente, pudo salir del Municipio el secretario de Gobierno Ernesto Camps, sin que muchos se percataran de su salida.

La medianoche del 1º de mayo los encontró reunidos en asamblea, y uno de ellos propuso un saludo mutuo por el Día del Trabajador. Todos entonaron la marcha peronista y el Himno Nacional, para terminar al grito de “Argentina, Argentina”.

Cerca de las 2.30, los municipales comenzaron a desalojar el palacio municipal cuando sus sueldos empezaron a aparecer depositados en los cajeros automáticos. Una combi trasladó a varios de ellos hasta el Parque Industrial para comprobarlo, por lo que lentamente la situación se fue normalizando. En total, la toma duró 16 horas y fue pacífica, ya que los empleados no produjeron destrozos ni disturbios mientras estuvieron en el recinto.

Producto de los hechos, el intendente Sergio Bivort presentó su renuncia a causa de su soledad en el poder, lo cual no le permitía seguir gobernando en condiciones normales. La dimisión no fue aceptada, por lo que concluyó su mandato en diciembre de 2003.

 

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