Luego de haber anotado un número inferior al 2% en junio, peligra la continuidad de la desaceleración en la inflación, distintos motivos presionan sobre el Índice de Precios al Consumidor (IPC) y se corre el riesgo de no mantener la tendencia bajista.
La inflación viene sosteniendo una tendencia descendente en su nivel para los precios. Lejos de llegar al tan ansiado cero en agosto, como había prometido alguna vez el presidente Javier Milei, la ilusión de convergerla a ese número persiste hacia más adelante.
“El camino es el correcto, no quiere decir que sea fácil, pero es lo adecuado”, sostuvo el ministro de Economía, Luis Caputo, días atrás en una entrevista.
Actualmente, el Gobierno atraviesa un proceso desinflacionario marcado. El último mal dato que tuvo que digerir fue el de marzo, cuando la inflación se aceleró al 3,4%. A partir de ahí, transitó un camino que lo llevó a reducir el IPC por debajo de los dos puntos, algo que no se lograba desde agosto de 2025.
En concreto, el sendero tuvo una ralentización marcada: en abril fue de 2,6%, pasó a 2,1% en mayo y cerró junio con 1,9%.
La proyección de las consultoras que relevó la Agencia Noticias Argentinas marca una inflación en torno al 1,9% y 2,1%.
EcoGo registró una suba en el índice de precios, el cual quebraría la caída y la posicionaría sobre el mismo nivel que mayo.
Durante la cuarta semana del mes, los precios de los alimentos consumidos dentro del hogar registraron una suba de 0,5%, por lo que la inflación de los alimentos dentro del hogar se proyectó en torno al 2% para julio.
En la misma línea estuvo la estimación de la Fundación Libertad y Progreso, la cual atribuyó el rebote transitorio al factor estacional de las vacaciones y la escalada en alimentos y bebidas no alcohólicas.
Solamente Equilibra registró un número alentador para la continuidad de la inflación: proyectó 1,8% con una aceleración de alimentos y bebidas no estacionales (pasando de 0,9% a 1,4%).