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La alpargata, un clásico que mantiene el negocio pese a los vaivenes

Ese calzado, más las pantuflas en invierno, son los caballitos de batalla en La Económica. Su dueño asegura que la clase obrera es su público más fiel, aunque también le compran los countristas.
15 de mayo de 2011 - 00:00

 

Detrás del mostrador, Carlos Ricciardone analiza la economía de Pilar y el país.

 

 

por Aníbal Mon a.mon@pilaradiario.com

 

El precepto de que la sabiduría de la calle es tan importante como la que se adquiere en las universidades quedó de manifiesto una vez más. Porque Carlos Ricciardone, de 36 años, propietario de la tradicional zapatillería pilarense La Económica, habla con suma claridad y conocimiento de conceptos que pueden aprenderse en las aulas de las facultades de Ciencias Económicas, pero que él vive en carne propia todos los días –desde hace 22 años- detrás del mostrador de su comercio.

Inflación, formación de precios, importación, y oferta y demanda; todos esos términos que pueden parecer académicos fluyen naturalmente a la hora de analizar la realidad del negocio de las alpargatas, las pantuflas, las ojotas, o las zapatillas para niños y adultos.

“Los precios de lista de los proveedores van aumentando mes a mes por la inflación; vienen con un 5 o un 10% de incremento. Pero uno no toca los precios al público porque la temporada es corta y si aumentás el precio por ahí no sacás toda la mercadería. Baja un poco el margen de rentabilidad, pero yo no aumento porque quiero vender y tratar de reponer mercadería. Y si al fin de la temporada no se vende toda la mercadería, se liquida para poder comprar la colección de la nueva temporada”, explica el comerciante con claridad.

Dando muestras de un profundo conocimiento del mercado en el que se desenvuelve, Ricciardone sostiene que el negocio de los calzados de segundas o terceras marcas no se ve influenciado en gran medida por la coyuntura económica reinante.

“Acá las ventas no están muy atadas a la situación del país, se sigue vendiendo siempre más o menos parejo. Por ahí para otro tipo de rubro, como un restaurante por ejemplo, la cosa es distinta porque pueden bajarle o aumentarle mucho las ventas según la ocasión. La gente tiene que comer y tiene que calzarse, así que puede bajar un poco la venta, pero no considerablemente. Esto es un sube y baja permanente, y hay días mejores y peores, pero a fin de mes los balances suelen dar bien”, analiza.

 

Caballito de batalla

El dueño de La Económica, que posee su local al 200 de Pedro Lagrave, sostiene que su público es amplio y heterogéneo, y que si bien la clase obrera es la que predomina en su comercio, también en los últimos años se han sumado en gran medida clientes de los nuevos countries y barrios privados que componen la geografía del Pilar siglo XXI.

Además, Ricciardone manifiesta que posee una variada gama de productos, pero –sin embargo- cuenta también con algunos caballitos de batalla que funcionan como la columna vertebral de su negocio. “Las alpargatas son un clásico, pero hoy se venden las buenas, la común ya no se vende más como antes, son artículos que siempre tienen salida; en verano las usan sin medias y en invierno con medias, pero siempre se venden. Ahora llega el invierno y es la temporada de pantuflas, así que agrandé en 200 modelos más la variedad de pantuflas; hay que adaptarse a la tendencia”, afirma.

Por otra parte, el comerciante no le esquiva a otro tema vigente en la economía argentina actual, como lo es la tortuosa relación entre industria nacional e importación, y la invasión de calzado brasileño que caracterizó a épocas pasadas.

“Es importante que siga cerrada la importación para que no entren productos importados y se venda lo nacional, que eso es lo principal. Pilar tiene un Parque Industrial que tiene mucha gente ocupada, y eso es muy bueno. Importado en los ‘90 venía un montonazo; yo en esa época tenía 8 negocios porque había mucho crédito; ahora el crédito es muy medido. Hoy los pagos son cortitos, no hay tanta financiación, pero por otro lado eso es bueno porque te afianzás sin endeudarte, ves la realidad y estás tranquilo”, considera Ricciardone, desde atrás del mostrador.

 

 

Salir por la educación  

El dueño de la zapatillería La Económica, Carlos Ricciardone, también tiene su visión sobre la economía que excede el ámbito de su comercio. “Estamos bien, faltaría más seguridad para que las empresas grandes puedan trabajar tranquilas y producir. No puede ser que un sindicato te pare una fábrica. En Brasil el líder del sindicalismo estaba en el Gobierno y allá el plan es trabajar, no es como acá que el plan es no trabajar. Acá la salida está por el lado de la educación. No hay que subsidiar a las empresas de colectivos o a las madres que tienen hijos, hay que subsidiar a la educación que es lo que va a permitir que los chicos salgan del colegio con una profesión y que salgan de la calle”, opinó.

 

 

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