Soy mano

Naderías

sábado, 6 de agosto de 2022 · 07:57

Por Chino Méndez

Ningún bondi para, todos pasan de largo atestados de gente. Un hombre mira la hora y putea por lo bajo porque llega tarde al laburo y su jefe lo mirará de reojo al entrar y simulará que escucha el motivo de su demora para luego desarrollar un speech bien chamuyado acerca de la responsabilidad y la productividad. Y el laburante agachará la cabeza y le dará la razón al ñato ese, con quien se sentirá en deuda por lo menos por una semana.

Él maneja a los pedos mientras puede, desafía semáforos y curvas. Sabe que cuando suba a la Panamericana todo se estancará porque el tránsito a esta hora es insoportable. El colectivo va repleto. Pide a los que viajan en los escalones de subida que se corran para poder ver con los espejos retrovisores. Uno le protesta, “¿y dónde mierda querés que me meta?”. Suspira y aprieta el acelerador. Hoy es el cumpleaños de su abuela, quien lo crió con una ternura tal que opacó dolorosas ausencias y quiere llegar temprano a su casa para abrazarla todo lo que pueda.

Va repasando de memoria los textos, ella sabe que está a un paso. Derecho de la Niñez, Adolescencia y Género, rinde hoy este final y se recibe de abogada. Sentada, con la vista puesta en el vidrio empañado de la ventana y mientras tolera el roce de las personas que se sostienen colgadas del pasamanos, piensa en su mamá, en todos los metros cuadrados de porcelanato de country que supo fregar para que ella pueda estudiar. La emoción amenaza sus lagrimales y el miedo le seca los labios. Lleva un caramelo de menta a la boca e intenta una respiración pausada debajo del barbijo.

Va sentado en la escalinata trasera con su cajón de plantines de begonias. Le importa un carajo cada uno que le pide permiso para bajar. Ayer no vendió nada y simula que eso no le importa. Puso una alta cumbia en su celular de pantalla rota, bebe una cerveza y habla y ríe fuerte con su “compi”. Necesita sentir que todos lo observan porque sabe que muy probablemente se pase el día siendo ignorado.

Haroldo Conti escribió “La vida de un hombre es un miserable borrador, un puñado de tristezas que caben en unas cuantas líneas. Pero, a veces, así como hay años enteros de una larga y espesa oscuridad, un minuto en la vida de un hombre es una luz deslumbrante”.

Evoco a la luz. Que los colectiveros lleguen siempre puntuales a la hora de los abrazos. Que se rindan las leyes para que se alcancen los sueños. Que miren a los ojos a los floristas y florezcan las sonrisas de los que compran begonias. Y al que no pudo subirse al bondi ojalá que agarre las tres cifras de la quiniela, como mínimo. Del mismo modo será mi viaje de vuelta, imaginando universos, hasta que me toque bajar para llegar a casa. Hoy me esperan mis hijos.

 

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