Soy mano

Jorge Luis

sábado, 27 de agosto de 2022 · 08:12

Por Chino Méndez

Durante años he intentado escaparme de él. A veces sigo haciéndolo. El tipo se aleja un continente de mi preferencia ideológica, y su complejidad, aunque exquisita, me resulta hasta severa por momentos. Como lector soy afín a otros autores, pero cada vez que asomo las narices al universo borgeano no dejo de maravillarme. Es que con los brillantes no tenemos opción, terminan siendo absurdas ciertas discrepancias. 

Jorge Luis Borges nacía un 24 de agosto de 1899. Allá no tan lejos en la historia, en donde la violencia del cuchillo para reparar afrentas era una virtud. Cuando leí “El hombre de la esquina rosada” tuve la sensación de ver al malevaje de otra época, con una nitidez impecable y ello no fue gracias a mi destreza como lector sino a la minuciosidad con que fue escrito aquel texto. Luego en “El Sur” y “El Aleph” comprendí que Borges fue un escritor alucinantemente microscópico y que a su vez dejó espacio a la imaginación. En su poesía, se me ocurre que habita lo más verdadero, humanamente hablando, allí considero que no se escapa de sí mismo.

El reconocimiento del mundo entero lo ubica inequívocamente entre uno de los autores más prolíficos de la historia literaria. Mientras escribo esta columna repaso algunos de sus textos que me deslumbraron y entiendo que su obra no está concluida, sino abierta.

Borges modeló su trascendencia con su distinguida pluma.

“Mi callejero ‘no hacer nada’ vive y se suelta por la variedad de la noche./La noche es una fiesta larga y sola./ En mi secreto corazón yo me justifico y ensalzo./ He atestiguado el mundo; he confesado la rareza del mundo./ He cantado lo eterno: la clara luna volvedora y las mejillas que apetece el amor./ He conmemorado con versos la ciudad que me ciñe/ y los arrabales que se desgarran./ He dicho asombro donde otros dicen solamente costumbre./ Frente a la canción de los tibios, encendí mi voz en ponientes./ A los antepasados de mi sangre y a los antepasados de mis sueños he exaltado y cantado./ He sido y soy./ He trabado en firmes palabras mi sentimiento/ que pudo haberse disipado en ternura./ El recuerdo de una antigua vileza vuelve a mi corazón./ Como el caballo muerto que la marea inflige a la playa, vuelve a mi corazón./ Aún están a mi lado, sin embargo, las calles y la luna./ El agua sigue siendo grata en mi boca y el verso no me niega su música./ Siento el pavor de la belleza; ¿quién se atreverá a condenarme si esta gran luna de mi soledad me perdona?”*

*“Casi juicio final”. Jorge Luis Borges

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