Soy mano

Los agostos. Vivo, leo y aprendo

sábado, 20 de agosto de 2022 · 08:16

POR GRACIELA LABALE

Arranco el 1 de agosto, desde hace varios años, con los traguitos de caña con ruda, convidando y agradeciendo a la tierra por la semilla cobijada, por la inmensa bondad del fruto ofrecido más el pedido por la salud de todos. La cultura andina fue colándose en la vida de esta porteña, pilarense por elección y se quedó para siempre.

La familia Sosa, sí, los Sosa de La Tucu, la parentela de nuestra Madre Cantora, tuvo mucho que ver en esto. Van 10 años en los que rigurosamente, salvo en pandemia suspendida por fuerza mayor, me invitan a la ceremonia de la Pachamama que comparten con sus afectos más cercanos. Allí disfruto, pienso, me emociono y aprendo. Y por sobre todo renuevo el agradecimiento: la salud, el pan en la mesa y este año particularmente, la llegada a este controvertido mundo de mi querida nietita Antonia y el pedido por ella, por su vida, su felicidad y la de todos los que la rodeamos con el amor más absoluto.

Y también en agosto, leo mientras espero la primavera. Esta vez se me cruzó este texto de Myrian Luz Rezende, propio para la ocasión… 

“Sólo el que vive bien los AGOSTOS, es merecedor de la primavera. Lo recuerdo bien. Fue cuando julio se fue, que un viento helado e insulso, que arrastraba todavía las hojas abandonadas por el otoño, me dijo algunas verdades. Me convenció de que el cielo empezaría a metamorfosearse de rojo. Que el polvillo que levanta el viento enseña que las cosas no siempre permanecen en el mismo lugar y que, al final, hay que entender que sólo se asienta cuando los remolinos se van. Fue cuando julio se fue que mi soledad me invitó a una conversación conmigo mismo. Y me habló de tiempos de esperas. Y me dijo que el ruido de los árboles tenía algo para decir sobre la aceptación. Y yo me quedé pensando, cómo es que ellos, los árboles, aceptan las estaciones al punto que, si los estremecen, también le florecen los brotes. Pero todo a su tiempo. Fue en agosto que descubrí que los perros locos son los gritos que no lanzamos al viento. Son los estremecimientos particulares que nuestra rigidez de certezas no nos permite encarar. El mes de agosto tiene mucho para enseñar. Porque agosto es un mes jardinero. Es dentro de él, cuna del invierno, donde las semillas duermen. Aguardan su tiempo de brotar. Agosto es guardador de buenas nuevas, preparador de flores. Agosto es cuando Dios permite a la naturaleza traducir visiblemente el tiempo de las mutaciones. Mute, dice agosto en su mensaje de semillas. Acepte, dice agosto, como el viento frío que levanta el polvillo y enrojece el cielo. Comparta, dice agosto, abrigos, sopas calentitas, cafés con chocolate, abrazos apretados –ellos también abrigan el alma y anidan el cuerpo-. Distribuya sus afectos. El invierno es acogimiento, es tiempo de preparar septiembre. Y, de septiembre, ya sabemos qué esperar... la explosión de colores que en sus más variados nombres vienen en forma de flores. Apreciemos agosto, lo recibamos con el feliz espanto de quien desafía vientos. Que desarregle y esparza las hojas, que levante los polvillos al aire. Acepte las esperas, pero vaya colocando las macetas en la ventana. Sólo quien vive bien los agostos es merecedor de la primavera.”

Comentarios

20/8/2022 | 09:33
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EXCELENTE RELFEXION ,PARA DETENERNOS, UN MOMENTO DESDE LA VIDA TAN AGITADA.