Soy mano

Algunas cuestiones pensadas al pasar

sábado, 30 de abril de 2022 · 08:14

Por Graciela Labale

Dice el poeta, trovador surero y amigo, Eduardo Guajardo, desde su Río Turbio en el sur del mundo: “Ya no quedan rebeldes en la clase media. Ni mecenas en la burguesía nacional. Tampoco quedan militantes revolucionarios en la clase obrera. Ya no hay pobreza, hay miseria. No hay intelecto, hay brutos con dinero. Ya no hay arte incómodo, solo sensualidad complaciente y prostibularia.

Claro, que a estas alturas, ya estarán pensando y criticando mi absoluta generalización. Pero como lo sospeché desde un principio, quiero decirles, que claramente existen algunas excepciones.

Que por escasas, resultan cada vez más excepcionales. Y existen por una sencilla razón. Para darle sentido a la regla. Ya no para romperla.”

El “Guaja” puso la palabra justa a algo que vengo pensando desde hace tiempo. Él afirma que “no es un posteo escéptico, es más bien un diagnóstico urgente, que pretende desmitificar cierto consignismo, que se ha vaciado de contenido y que además, ha sido apropiado por los pisabrotes y destructores de cualquier sueño, de toda utopía”.

Si bien no abono a la frase “todo tiempo pasado fue mejor”, ya que intento vivir el tiempo que me toca acomodándome a las nuevas formas, trato de mantener intactas algunas cuestiones que siento son innegociables. Entonces ando a tropezones por la vida, entre broncas y penas mientras vislumbro un futuro dudoso ante un torbellino de voces que en su mayoría no me representa. Quiero sostener un cierto espíritu crítico con el que pueda, desde mis 71 pirulos, no comprar todo lo que se vende, de pie, sin mancillar ni vender las ideas y haciendo lo poco que puedo para que no haya solo “pan para mí, sino pan para todos”. Por eso esta reflexión del querido Guaja me llegó profundamente.

Hace rato que me resulta muy difícil la adaptación a esta sociedad líquida en la que todo fluye sin tiempo siquiera para el disfrute. Nada permanece, ni los pensamientos, ni las personas que sostienen sus pensamientos por estar sometidas a las reglas del mercado o a la conveniencia de sus líderes.  En medio de esto, intento mantener algo de aquella rebeldía veintiañera que supe concebir. Vivimos en un conformismo institucionalizado, bajo la influencia mediática nefasta que de uno u otro lado marcan la agenda y la vida cotidiana de una inmensa mayoría, solo basta detenerse en los comentarios de algunas publicaciones. Mientras el arte, gran trinchera si las hay, con honrosas excepciones, en muchos casos hace la plancha sumiendo a más de una expresión en una mediocridad que asusta, como dice el Guaja, ya no hay arte incómodo, y esto me hace sentipensar que estamos bastante perdidos. Igualmente en cada lugar por los que transito también veo que la batalla no está del todo perdida. Con los más y los menos, seguimos caminando y como dicen Daunes y Andrade*: “cultivando la ternura sin perder la digna rabia”.

*el 28 de mayo en IntegrArte Pilar.

Comentarios