por Chino Méndez
por Chino Méndez
Yo debería haber escrito esta columna acerca de un bello asunto que dejé para el final, pero me resulta imposible pasar por alto este contexto mundial y me cuesta mucho entrelazar una cuestión hermosa con una guerra. Es que en los viejos ríos la sangre sigue su camino al mar difunto de la historia, y allí, después de deslizar sus esqueletos en el predecible laberinto caudaloso, los glóbulos rojos de un ruso se abrazan a los glóbulos blancos de un alemán y en el oleaje anónimo un pakistaní será una fugaz espuma junto a un croata. Y en las plazas del mundo se levantarán estatuas de señores muy inteligentes que tan sólo han movido el dedo para indicar el lugar exacto donde arrojar la primera bomba y las calles se llamarán como los apellidos de los héroes que proveyeron las balas de los fusiles de una resistencia. En un crucero que navega sobre los coágulos del tiempo, siguen de gira los otros anónimos del poder, fumando puros y bebiendo champaña.
Se me ocurre pensar, ¿qué era de esperar de los humanos con tantos dioses que con ira celestial provocaban matanzas feroces, hambrunas y sequías adoctrinadas? ¿Cómo se reescribe nuestra historia? ¿Cuándo haremos algo las ovejas mientras el amor continúa crucificado?
No alcanzó a finalizar una pandemia que estalla otra Bagdad, otra Bosnia u otra Vietnam. Esta vez se llama Ucrania, a manos de una Rusia amenazada por tantas bases militares de la OTAN en su frontera.
Pero en medio de este contexto reiterado hasta el espanto sobre las aguas del tiempo, algunos nos atrevemos a la quijotada de sentirnos vivos luego de ciertas cuestiones. Nada fantástico ni increíble, pero sí significativo para lo que creemos y sentimos. Por ejemplo, junto a Marianela Koprivsek escribimos “Corazones reciclados” y El Bodegón Ediciones nos lo editó con un cuidado que vale la pena destacar. Lo presentamos este sábado 5 de marzo a las 16 en Iparraguirre y San Martín, La Esquina de las Letras, Derqui*. No nos movilizó el absurdo afán de la perpetuidad sino que simplemente fue intentar plasmar un proceso de sanidad. Claro que no vamos a anunciar el telón de la pandemia ni colaboraremos con el fin de ninguna guerra, pero les aseguro que cada uno de nosotros, en su íntima batalla, no arremetió contra la frontera de ninguna palabra escrita por el otro. El valor del desprejuicio nos igualó más aún y acá estamos para compartirlo.
*Se suspende por lluvia para el sábado siguiente ya que es al aire libre.
