Soy mano

El mundo del revés

sábado, 19 de marzo de 2022 · 07:19

Por Víctor Koprivsek

Es increíble la poca importancia que el mercado le da a los besos. Especialmente los besos en la boca. No cotizan en bolsa. Sin embargo, deberían.

La realidad es que las noticias del mundo apestan. Guerras y misiles en Ucrania, Palestina, África y vaya a saber cuántos lugares más que ni nos enteramos.

Cuando no es la tala indiscriminada de árboles en Misiones, son los incendios en Corrientes.

Aumentos de precios porque sí, por si acaso, porque bueno.

Entonces ¿por qué los buenos besos no figuran en ningún lado? Si te cambian el día, por no decir la vida en medio de tanta mediocridad.

Besos apasionados, besos llenos de ternura, besos larguísimos, picos, labios que se rozan, que se encuentran, que encastran sin esfuerzo, que se amoldan. Como si estuvieran hechos los unos para los otros. Suaves, húmedos, carnosos y desenfrenados.

La verdad es que mientras la especie humana avanza hacia ni sé dónde, van quedando relegadas cuestiones esenciales.

Obviamente que esta columna es un absurdo, pero si lo piensan bien, si buscan en su memoria, algún beso extraordinario habrá. Algún chape inolvidable deben tener bien resguardado en los recuerdos.

El tema es por qué no los tenemos en el podio de las cosas de valor. De alta valía.

Es como la confianza, el vivir sin miedo, la seguridad de un buen trabajo; tener atesorados los buenos besos que dimos y nos dieron debería tener el mismo nivel de importancia que un plazo fijo.

Cómo puede ser que no pensemos en ellos en las tardes de lluvia, que no los demos si tenemos a la persona amada cerca. De manera urgente, cotidiana.

Viste cuando se te corta abajo de la lengua de tanto que besas, a quién no le pasó.

Bueno, antes que seguir puteando por los aumentos, de seguir mirando las bombas que destrozan cuerpos de gente inocente, de yugarla por dos mangos, de sacar turno con el ginecólogo, el urólogo, la próstata, el Covid, la gripe A, el dolor de cadera, de juntar plata para arreglarte un diente; mejor que te coman a besos.

Mejor quedarte acalambrada de tanto sentir la boca de tu amor yendo y viniendo por tus labios. O de tu amante.

Hay tanta hipocresía, tantas injusticias. Un buen beso, eso sí que vale mucho en verdad. ¡La pucha!

   

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