Soy mano

La “Nonna” de Antonia

sábado, 12 de marzo de 2022 · 08:02

Por Graciela Labale

Qué lo parió le diría Mendieta a don Inodoro.

Soñé muchas veces que un día iba a escribir sobre la llegada de mi primera nieta, y que quizá sería lo mejor producido para este espacio. Soñé una enorme cantidad de imágenes, una tras otra, convertidas en una catarata de bellas palabras, casi te diría verborrágicamente. Soñé tanto pero tanto que hoy, cuando llegó el día, sentada en la computadora, no doy  ni un poquito la medida de esos sueños. Nada de lo que pueda decir, y mucho menos escribir, se emparda con lo que pasa dentro mío.

Y ahora entiendo todo. Entiendo todos los relatos de familia y amigas que ya lo vivieron. Y doy fe que es absolutamente cierto.

En lo personal, tuve el placer de conocer a mis cuatro abuelos, a unos los disfruté más que a otros pero todos dejaron una marca imborrable en mi vida. Aunque fueron mis abuelos maternos, con los que conviví varios años, con los que tengo no sólo bellos recuerdos sino costumbres cotidianas, frases, olores y colores. Fue con el nonno Domingo con quién de la mano, caminé por primera vez, y después cada tarde, a la calesita de la plaza del barrio. Fue con la nonna Aurelia con quien aprendí los sabores de la verdadera cocina italiana. Y por ellos arrastro el sueño de conocer ese pueblito calabrés que ni en el mapa está, que un día tuvieron que dejar, forzados por la hambruna de la guerra. Ellos me siguen acompañando e iluminando este tiempo que me toca vivir, y no me avergüenza decir que con solo pensarlos se me dibuja una sonrisa.

También tuve la dicha de ver a mis padres y a los de mi marido, convertidos en abuelos. Pero fue mi mamá, la abu Flora, la que más compartió con mis hijos y los disfrutó hasta su último día. Tremenda abuela mi vieja, no tenía ningún drama en tomarse la catranga del 57 de ruta 8 para venirse desde Devoto a Pilar sólo para verlos un ratito, por ejemplo, en su primer día de clase. Y cuando el olvido se había adueñado de su cabeza, podía recordar fotográficamente a Daniela convertida en dama mendocina para un acto de San Martín, o a Juanchi devenido en Principito en el patio de la Escuela 1.

Con toda esta “pesada herencia”, que de pesada no tiene nada, hoy me encuentro yo en el rol de abuela y la verdad amigas y amigos lectores no puedo ponerle palabra a este sentimiento. Me emociono con solo pensarlo, me duermo y me despierto con la carita de Antonia delante de mis ojos con esas sonrisitas que nos regala, me estremece poder tenerla en los brazos y sentir el olorcito tan particular de los bebés recién nacidos.

Nada nuevo para muchos de los que ya transitaron este amor, pero no podía dejar de compartirlo con ustedes los fieles lectores y lectoras de Soy Mano. Ya vendrán mejores palabras cuando esta sensación de que el corazón no entra en mi cuerpo afloje un poco.

Te las debo Antonia, te las debo.

Gracias Daniela y Martín.

“Sólo el amor convierte en milagro en barro, sólo el amor engendra la maravilla”

Comentarios

14/3/2022 | 19:29
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DESCRIBISTE LO QUE TE PASA Y NOS HA PASADO A TODAS CON SENCILLEZ PERO TRAER AL PRESENTE ESOS MOMENTOS VUELVE A EMOCIONAR. GRACIAS GRACIELA, IMPECABLE.