Por Chino Méndez
Por Chino Méndez
Braian Cuitiño muere tras ser golpeado y apedreado en la puerta de un boliche sobre la arteria principal del sobrevaluado Km 50. En Venado Tuerto, una pandilla armada corre a otra a plena luz del día. Una chica desaparece allá y otra acá. Una mujer denuncia a su ex pareja con el rostro desfigurado. Una madre llora a su hija, víctima de femicidio. Un padre golpea a sus hijos en plena plaza y nadie dice nada, los niños ni siquiera lloran, acostumbrados quizás. Se cumple un aniversario del asesinato de Fernando Báez a manos de “nenes bien”. La violencia dejó de ser una preocupación, es dolor sin anestesia. La ley del más poderoso reina desde siempre entre los magistrados y la ley del más fuerte nos retrotrae a los comienzos del ser humano.
¿Sobre qué etapa histórica de la civilización nos encontramos? Me pregunto esto mientras la crueldad y la ambición desmedida y sin regular desaparece bosques enteros. El desmonte que provoca semejante cambio climático. Campos que se incendian, muchos de manera intencional. Animales que mueren entre las llamas, mientras otros calcinados no tienen cómo parar la olla.
¿Adónde se irán los peces cuando el Paraná termine de secarse?
¿Qué escribiría Discépolo sobre estos tiempos? Una ministra que renuncia a la educación del morochaje porque “es tarde”. Supongo que por estas horas propondrá una compra masiva de armas para combatir a los narcotraficantes que perdieron el último tren que los devuelva a las escuelas. Otra ministra trata de explicarle a un preparador físico sobre las plataformas de las vacunas y lo imprescindibles que resultan éstas en la pandemia, pero el muchacho no la entiende y hasta debe estar orgulloso de eso.
Cambalache enlodado y pegajoso de una realidad que siempre se agrava. Y mientras en el FMI se hacen los giles, “la” calor se cocina a los pobres sobre sartenes de chapa modesta que alguna vez se soñaron hogares. De los dólares fugados, ni noticia.
Cabezas quemadas contra estómagos vacíos. Masculinidades tóxicas que se sienten varoniles de una sola manera. Feminismo desoído en los pasillos de tribunales. Dolor.
No siento que esta vez mi columna, la primera del año, deba contar las buenas nuevas. Pido disculpas. Los jardines del sur del mundo cada vez son menores y temo que, tal vez, nos quedemos un día sin semillas o sin sitio en donde plantarlas. No se trata de ver el lado oscuro de las cosas, tengo mis buenas nuevas, pero uno no puede hacerse el boludo con todo lo que acontece. Tenemos que hablar de algunas cuestiones seriamente o, como dice un poema de Reynaldo Sietecase “tendremos que salir a matar” tarde o temprano, nosotros también.
