LA CIUDAD DE LA LUZ

Entre dos rutas o villa hermosa

domingo, 26 de septiembre de 2021 · 07:28


POR PABLO RAMOS

Lo que está en el medio es lo que se pasa de largo. Lo que está en el medio es lo que no se mira. Lo que está en el medio es lo que molesta. Lo que está en el medio, entre tal o cual cosa, o tal o cual lugar, parece no existir y tiene destino de fantasma. No es el caso del barrio Entre Dos Rutas, un terreno más o menos trianguloso de gente trabajadora entre la ruta 25 y la autopista Panamericana. Y no es el caso gracias a lo que me dijo una mujer que tiene ahí una casa en cuyo garaje funciona una feria americana.
Doña Hermosa la bauticé yo, debido a que le pregunté si podía poner su nombre en esta crónica o prefería que le inventase uno y ella me pidió que se lo inventase. Esto sucedió hoy sábado 25 de septiembre, en mi caminata de esta mañana. 
El día en que lo conocí caminábamos con Ariel Naon, el notable contrabajista de Liliana Herrero y más notable hermano del alma para mí, desde Villa Morra II, donde vive su suegra, hasta perdernos un poco. Cruzamos la Guido y entramos en esa zona en la cual yo nunca había caminado. Tras andar y andar nos dimos cuenta de que estábamos perdidos. Los dos somos muy novatos en este enorme territorio pilarense, pero lejos de preocuparnos nos alegramos ya que nos gusta perdernos en un relativo gran espacio, sabiendo más o menos por donde se puede volver a encontrar la senda que nos lleve a la Morra nuevamente.
El lugar nos gustó mucho. Nos llenaba de oxigeno ya que, frente a la vereda de las casas edificadas, todas de bajo, sin ningún intento de condominio de papel al menos por ahora, había un enorme espacio verde inhabitado. Eso que suele ocurrir en el partido de Pilar todo el tiempo. Calles de tierra que se meten y serpentean en bosques repentinos, pequeños montecitos acá y allá, retazos de animalidad salvaje, de pampa antigua que van acariciando el alma siempre. Y siempre y cuando no haya un basural. Pero todo estaba limpio en la zona, tan solo ensuciaba la vista un patrullero de la bonaerense al fondo de un lote baldío donde seguramente el cana dormía la siesta. 
Nos preguntamos una y otra vez con Ariel en dónde estábamos e intrigado fue que me adelanté a él y me metí en la casa de Doña Hermosa.
La invitación no fue impertinente ya que el portón abierto y las ropas a la vista, algunas con precios y todo, indicaba que el paso era permitido.
-Hola, disculpe –le dije.
-Hola, disculpo –bromeó ella.
-¿Cómo se llama este barrio?
-Le dicen Entre Dos Rutas, pero a mí ese nombre no me gusta -dijo doña Hermosa.
-Es una zona muy linda -le dije.
-Varios de acá le decimos Villa Hermosa.
-Villa Hermosa, entonces –dije—uno debería poder elegir el nombre de su barrio, ¿no es cierto?
-Uno debería poder elegir, y punto –me dijo la mujer.
Busqué algo para comprarle y me llevé una camisa de mujer, o una especie de no sé qué de mujer colorida. Una prenda muy linda que luego di a mi maestro de tenis Luisito Aguirre junto con otras ropas que él da a no sé quién en no sé dónde. Pero seguro a alguien que vale la pena, porque yo confío en Luis.
Salimos de allí con Ariel y volvimos por la 25, donde suele ser difícil caminar y también peligroso como en cualquier ruta. Nos despedimos y yo quedé bastante tiempo pensando en ese barrio y en esa mujer. 

Otra tarde, volvíamos de Villa Rosa en auto con María y le pedí de buscar la casa. La encontrarnos, pero cerrada con candado desde afuera. Se la mostré y volvimos a admirar el barrio, pero no más que eso. Pasaron más días hasta esta mañana de sábado en la que volví a ver a la mujer en donde le dije que iba a escribir sin saber cómo ni qué decir pero que necesitaba que esto que ella me había dicho, las dos cosas que me había dicho, se publicaran en El Regional ya que yo había pensado mucho en ellas

-Qué cosas, hijo –me dijo Doña Hermosa.
-Primero eso de que usted le dice a su barrio Villa Hermosa, y lo otro es esa idea que parece tan sencilla, tan obvia pero que es casi imposible para más de la mitad de los argentinos de hoy: poder elegir.
-¿Yo dije eso? –me preguntó ella.
-Más o menos, una vez que pasé por acá mismo, la primera vez que pasé.
-No me acuerdo de Usted, hijo –me dijo—pero igual eso que supuestamente dije es lo mismo que pienso todo el tiempo.

Esta vez no le compré nada, me despedí y prometí volver. Creo que prometí algo más exagerado: alquilarme algo por ahí o puede que le haya dicho que me iba a comprar algo por ahí. No sé, a veces las emociones me hacen decir cosas desmedidas. No son mentiras porque en el momento así las pienso y así las siento. Pero bueno, tampoco eso me exonera de callarme un poco más la boca. El tema con la gente que me emociona es que no sé cómo decirles que me emociona, cómo decirles eso sin quedar como un idiota excesivamente sentimental. 
Volvía a casa pensando en poder elegir. En el discurso políticamente correcto de estos días que incluye una supuesta mente abierta para poder elegir. Y que va desde un león para la cena a autorizar la cirugía genital de une niñe de 7 años. 
“Bueno, es una elección” “Podemos elegir” “Elijo no invitarte” “elijo no verte” Ect. Etc. Etc. 
Claro, hoy podemos elegir comer sano, comer productos hechos sin agroquímicos. Yogures seleccionados con la mejor leche de vaca o leche de almendras, e ir hasta Zelaya y tirar bien separados nuestros residuos para el reciclaje sin pensar ni preocuparnos si realmente serán reciclados ni cómo ni por quien. También podemos elegir vivir en lugares lindos, Las Chacras de Murphy por ejemplo, o el Club de golf Agujerito Blanco, nombres inventados que bien podrían ser reales por o ridículos ¿no?  Ya que podemos elegir: elijamos. Elijamos por ejemplo comer el dulce de leche hecho por la Vaca Budista que no tiene conservantes y mucho menos tiene gusto a dulce de leche. Confiemos en que la palabra budista garantiza que la gente que trabaja ahí es muy consciente de que el universo es uno y estamos todos unidos por un hilo de oro puro que por suerte no tuvo nada que ver con la mafia del oro y que tampoco alguien osó robar ya que el dueño del hilo vive bien custodiado por guardias y alambres electrificados. Alambre electrificado que incluso en el condominio de clase media baja en el que yo vivo rodea de electricidad las medianeras. Al mejor estilo arquitectónico de Auschwitz, solo falta el cartel EL TRABAJO LOS HARA LIBRES. Podemos elegir como los Médicos por la verdad. ¿Los conocen? O los Epidemiólogos Argentinos Metadisciplinarios. ¿Metadisciplinarios? Aunque no sean oncólogos tal vez le den un viaje de ayahuasca o de la terapia del beso en la frente para curar un cáncer, declamando la gran noticia de que la quimioterapia es mala para la salud. Si usted no los recuerda ellos hablaban de no aislar a los SANOS. El concepto SANIDAD que claramente solo ellos conocen. Y manifestaban sin barbijo cuando la mayor parte del pueblo estaba en problemas y ahora que en la provincia se está desregularizando el uso ellos dicen que es momento de usarlo. Bueno algunos de ellos, al menos. Los únicos médicos por la verdad están a dos manos en los hospitales, anónimos y saturados, ganando muy poco y haciendo MUY MUY mucho por lo demás.
Carajo.
Bueno, disculpen este tono y el muy muy mucho, y estas palabras. Pero al oír a Doña Hermosa decirme lo bueno que pudiera ser elegir, el derecho indeclinable que tendría que ser elegir se me voló la cabeza. Tenemos un país donde muy pocos eligen algo, muy pocos. Y no es culpa de Alberto esto. Es culpa de los Macri, los Clarín, Los Larreta y en el caso de la pandemia de todos estos seudocientíficos fachos que apoya y usan a la gente.
Ellos son personas que van siempre de ruta a ruta, y el pueblo argentino, el pueblo del mundo, los niños del pueblo, nuestros niños, son los que se quedan en el medio. Siempre. El padre Angelelli definió Pueblo como aquel que no explota y que lucha contra la explotación. No alcanza con no-explotar. Y aunque ya es algo reciclar tu latita de cerveza y el plástico de tu cremona, no alcanza. Por más que abraces a la empleada doméstica y digas a tus amigos que es parte de la familia, ella sólo es la que barre tu mierda por muy poco. Ella está en medio de las rutas de una vida que pende de un hilo y que tal vez no sepa que el hilo se ha roto para siempre. Pero al padre Angelelli lo mataron los milicos más vale. Mi cabeza estaba por colapsar cuando me crucé con Cristian y él me saludó con una sonrisa que hizo que me detenga, por dentro y por fuera me detuve. Y hablamos; y le conté todo, y le conté está crónica que iba a escribir.
-¿Con todo no? –me dijo.
-Con todo –respondí. 
-Entonces gracias –dije- me llamo Pablo.
-Yo Cristian –dijo él—que Dios te acompañe.
Cristian, justamente. Increíble. A veces no puedo elegir casi nada, pero a veces también la vida, la calle, Pilar misma ahora, eligen bien por mí. Eligen Mejor que lo que siempre yo elegí en la vida. l
 

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