Soy Mano

Nostalgia

domingo, 18 de julio de 2021 · 08:14


“Ovillado por el vino
tu canto eriza la noche.
Y al escuadrón guitarrero tu voz
con el lucero lo esconde.
Y al escuadrón guitarrero tu voz
con el lucero lo esconde.
Guitarrero enamorado
abraza’o con la pobreza
mira del cielo llorando el ayer
las estrellas con tristeza.
Solito como la urpila
Coquito Cáceres canta
canta penando las penas su voz
de su bohemia atormentada.
Tu canto beben las calles
de mi pueblo santiagueño
cuando el silencio se hace soledad
y la noche ata el sueño.
Madurando carnavales
tu guitarra moja el alba
y en el remanso de tu corazón
una chacarera baila.”

 Hace un ratito nomás, la casualidad me cruzó con esta “Zamba de un bohemio guitarrero” de Los Carabajal, en la versión de Peteco Carbajal, Rally Barrionuevo, Vitillo Ávalos y Juan Saavedra. Y sin querer llegó para coronar una semana plena de nostalgia. Nostalgia de afectos, de familia, de amistades muy queridas, que en por caso, gracias a un hecho común en mi tarea, como es ir a buscar una donación, hizo que viera en vivo y directo, a algunos de mis amigos del alma que hacía un año y medio que no cruzaba (gracias Patry Gautter que hizo posible este encuentro). El mismo tiempo que no veo a la cuña Cristina y mis sobrinos. A Mabel y Miguel. A Adriana, a mi tío querido, a los Labale y así podría seguir.

Todavía tengo en los ojos y en la piel la emoción de ellos y la mía, por esos minutos plenos de amor.
Encuentros  prepandémicos, que por habituales, una no alcanzaba a extrañar. A lo vivido se suma otro instante nostalgioso: la juntada guisera, siempre regada de abundante Malbec con las chicas de La Mesa como en cada invierno. Ayer hice un mondonguito y confieso que se me escapó un lagrimón pensando en eso.

Entonces aparece esta zamba bien carpera y se suma más nostalgia. La Tucu con otra patota, las Gracielas, Alicia, Gaby que conocí gracias a Claudito Sosa y Kelly Villamayor. Las guitarreadas derquinas de la mano de la Tía Mary y el Tío Dick. Los encuentros interprovinciales con Pame, Victor, Héctor, el Chino y sus familias donde los versos se mezclan con las canciones de Silvio y Chavela.

Las noches increíbles de música y poesía con mis queridos compañeros y amigos de IntegrArte Pilar. Noches donde García y Spinetta, se entreveran con la excelencia de las bandas locales y los cuadros coloreando las paredes. Sí y también extraño las rockeadas con tan queridos y talentosos músicos de por acá a los cuales no nombro porque seguro olvidaré a alguno y después “me celan”.

Ni hablar del teatro. En el verano y al aire libre pude disfrutar una vez de Torrente Espacio Teatral. Después de mucho tiempo ser parte del primer hecho teatral, en plena pandemia y en ese lugar familiar, me conmovió tanto como hacía mucho no me pasaba. Después también pasé por el Corredor Aeróbico donde hubo buenas tardes de Orquesta Sinfónica, varieté teatral con la gente de los elencos locales o Los Humildes Tártaros en el Pelle… Pero no alcanza.

Seguramente a esta altura muchas y muchos pensarán… pero vieja de qué te quejás, no te falta la familia, ni el techo, ni el morfi, estás viva, con salud y vacunada en medio de tanta muerte que cada vez duele más. Y sí es cierto, tienen razón. Pero permítanme un desahogo. Necesitaba contar la nostalgia que me provoca la falta del encuentro, los abrazos, el arte y esa empecinada bohemia que ni con la vejez abandono.
 

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