Soy mano

Vivir corriendo

domingo, 20 de junio de 2021 · 08:16

Por Chino Méndez

¿Hacia dónde vamos mientras corremos? ¿Qué esperamos encontrar allí en la meta que paradójicamente se aleja aún más?
Tal vez deberíamos intentar disfrutar de lo mínimo e indispensable. Y no lo digo con fobia a la grandeza, sino como acto de rebeldía ante este modo de vivir que impone saltos tremendamente forzosos de responsabilidad en responsabilidad. 

Vida loca que no permite una demora, sino que nos aprisiona en la inmediatez con la que buscamos algunas soluciones. No es ésta una apología a la holgazanería, solo pretendo poner sobre la mesa la necesidad de respirar pausado. Los objetivos son un horizonte, claro, pero cuánto hace que no te dejás acariciar por el sol que se filtra en la ventana.

Por otro lado, es cierto que las esperas prolongadas te llevan a un letargo peligroso, sobre todo cuando la ansiedad te invita a llenar la geografía del vacío con cualquier cosa. Todos somos expertos en encontrar lo que nos conviene para hacernos daño.

Pienso en todas estas cuestiones con la pelota quietita, no bajo la suela, porque sé muy bien en dónde está esperándome para jugar. 

Hoy, por ejemplo, es un día en que quiero ser niño otra vez y volver a dedicarle un gol de potrero a mi viejo en su día. Mi viejo, un guerrero que sale con el pecho inflado en los inviernos. Creo que su mirada reposa sólo cuando estamos cerca y nos mira en un silencio que dura un brevísimo instante. 

Volverme niño y saborear el mate cocido calentito mientras invento una boca y unos ojos y unas manos. 

Volverme niño y lanzarme a juguetear con mis hijos sin pensar en nada más. Mis hijos. No exagero si les cuento que recuerdo hasta el color de medias que llevaba puesta el día en que nacieron, tampoco sí creo que una de mis grandes hazañas fue inventarles, a cada uno, canciones con palabras que no existen, pero que ellos comprenden. Por allí andarán, Tino buscando el modo de mostrarle al mundo uno de sus cien rostros, Pio haciendo bromas y encontrando alguna excusa para ser abrazado y Ñoris pergeñando con dulzura la manera de convencernos de que la vida es tan hermosa, como ella.

Volverme un papá chiquitito, adivinar sus carcajadas mientras los espero trepado de las ventanas y correr, correr, correr, no dejar de hacerlo, pero para abrazarlos. Allí culmina y comienza la esperanza. 

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