Soy mano

Desenchufate

domingo, 18 de abril de 2021 · 08:00

Por Graciela Labale

Necesito, aunque sea unas horas por día, hacer el ejercicio de desenchufar. Esto no significa dejar de informarme ni estar ajena a lo que sucede. Pero sí desenchufar de tanta podredumbre que inunda las redes sociales y a algunos medios de (des)información. 

Es por salud mental que lo hago.

Sin echarle culpas a la pandemia, ya venía de antes y ahora se exacerbó. Nos hemos acostumbrado a una manera de comunicación que por momentos se vuelve nefasta. 

En la soledad de las redes sociales no hay escucha, solo se escriben afirmaciones personales sin posibilidad de un ida y vuelta, más allá de una interpelación a veces agresiva, a veces grosera, sin saber el por qué el otro tiene la opinión que tiene. Hasta en los grupos de Whatsapp de las mamás del colegio sucede esto. Es el ego de los dos lados el que habla. No hay derecho a réplica.

Es por salud mental que lo digo.

En tanto, la gente muere sola en los hospitales sin la posibilidad de llevarse la última mirada, otros atraviesan sus duelos sin siquiera recibir un abrazo amigo, algunos cuantos pierden o han perdido sus trabajos, mientras muchísimos  van a depender de la solidaridad para comer, abrigarse, o tener las tareas de la escuela de los niños y niñas que no cuentan con la tan preciada conectividad.

Por eso molesta tanta catarata de certezas desde la comodidad de una computadora o un teléfono celular.

Es por salud mental que lo escribo.

Las y los invito a escuchar, a escucharnos. Una llamadita, una videollamada, un mensaje personalizado, lo que se pueda pero que sea una comunicación de a 2 o más en la que haya destinatarios concretos. Un ¿cómo estás? Un ¿cómo la vas llevando con todo esto? Eso solo a veces alcanza.

No cabe duda que lo digital interconecta, destruye la distancia. Podés saber al toque lo que sucede en cualquier lugar del planeta o la historia de vaya a saber qué personaje, pero no genera cercanía personal. La inmediatez de lo digital hace que no se nos ocurra que el emisor al momento de comunicar pueda tener preocupaciones infranqueables o un terrible dolor.

De ahí la importancia de la escucha que es una acción directa, una participación activa en la existencia de los otros y de sus sufrimientos.

Pienso que en esta etapa lo esencial es aprender a acompañarnos, a escucharnos. 

Escuchar es un prestar un tiempo, es un dar, es un don.

Es por salud mental que lo pido, desenchufate un rato y ponete a escuchar…

Comentarios

21/4/2021 | 17:49
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La dictadura cívico/religiosa/militar nos conminó al 'tabique', a la capucha. No ver, no saber, no hablar. Cada uno con sus pensamientos intentando (como el señor K del Proceso(sic) de Kafka) elaborar solo su culpa, las razones, la explicación de estar en ese lugar. Y la capucha fué generalizada, fué una polítca pública de la dictadura. Nadie veia, sabia o habla de lo más evidente ... y quién no estaba tabicado, fué cómplice. Hoy se trata de una situación inversa, pero equivalente. Todos creemos ver, saber y hablamos (hasta demás) de lo que pasa. Existe una transparencia cegadora de 'medios' y esa es - precisamente - es la forma de tabicar, anular: individualizar la desesperación de sentirse atrapado.El grito es la impotencia del significado. El 'enchufe' - como vos lo llamás - es participar de esa red de 'ruido' a-significante donde todos hablan y nadie se entiende. Como un programa con panelistas gritones que derrama de la TV al cotidiano. Nuestro tabique, nuestra capucha es no poder encontrar quién escuche o, minimamente, nos entienda.