Soy mano

Los “anti”

domingo, 11 de abril de 2021 · 08:10


Por Chino Méndez

Inmerso y padeciendo en la segunda ola, con dos garrafas empujando la bragueta, culpa de este virus maldito, me pregunto: ¿cómo se hace para vivir entre los “Anti”?

Lo pregunto de verdad  ¿Cuánta voluntad debemos seguir ejercitando poniendo esa cara de “¡Vaya uno a saber!” o gestos de “estoy ocupado” ante ciertos comentarios de algunos personajes? Lo cuestiono en este marco, eh. No se vayan a morfar que soy un intolerante. Pero con otro confinamiento al acecho y con mis mambos personales, me interpelo y pienso acerca de lo comprensivo que uno pretende ser con gente con la que, por ejemplo, tiene un buen recuerdo. Porque no me jodan con las libertades individuales los anti cuarentena. Muchachos vayan contágiense y, una vez enfermos, bánquenla calladitos y cólmense de paciencia mientras llaman a la prepaga por atención o vacuna. Por aquel rincón, calladitos, están los muchachones que se pincharon a escondidas, por debajo de la mesa. Ellos sí que sostienen el paraguas todavía… Para la foto.

 Y si hablamos de vacuna hay dos rubros, los “no me la quiero dar porque temo a los posibles trastornos secundarios”, conozco algunos de ellos y no son anti, sólo son jóvenes con temor genuino. Pero allá, llegando a la última curva de la loma del traste están los que no quieren la vacuna rusa, juzgan a quienes accedieron a ella, denuncian irregularidades, dudan de la china y hasta casi se creyeron lo de empinar lavandina  pa’ que al bicho no se le ocurra meterse por dentro. Son geniales opinando desde el celu.

Hasta marchas con pancartas de “Infectadura” hubo que aguantarse. He visto alguna foto de un pobre que se vacuna a la cual le han pegado una bandera de Venezuela. Ese es un lugar donde suelen confluir dos vertientes de anti, porque fácilmente puede vislumbrarse allí un fuerte discurso anti peronista. O un, tal vez más camuflado, te banco el 1 a 1 pero soy anti K. Señores, no se vacunen si no quieren, pero no rompan más con la paranoia conspirativa. ¡Estamos en una pandemia!

El problema no es el juicio de unos u otros, lo que erosiona y hasta mata es la opinología patológica. Finalmente no era la humedad. Cierto es que hay algunos silencios canallescos, pero es bien general eso de recitar constantemente el veredicto de lo que sea, muchas veces, sin saber bien de qué estamos hablando. Incluso desde el anonimato se replican las controversias. Aun con certezas de porcentajes lanzados por un grupo de personajes que juegan a que, al menos, la duda aumente sus decimales.

Escribe esta columna un tipo que tragó varios sapos y que caminó, y seguramente seguirá caminando más de una vez, al borde de la idiotez. Es más, muy probablemente en este mismo instante le resulte un imbécil a más de uno. Y tal vez tengan razón. Pero soy una persona a la que le disgustan muchos conceptos referidos a la soledad y siento que lo único que estamos logrando es quedarnos solos. Cierto es que pasamos un año tremendo y que no termina aún esta mierda, pero ¿se acuerdan cuando aplaudíamos del mismo modo a los médicos que a los recolectores de residuos?

Que no importe del todo si a vos te parezco un gil sesgado o si te hiciste buches empinando la botella amarilla de la lavandina. O si me subo al bondi mientras vos le pones garra al home office. Soy tu prójimo y vos el mío. Somos esenciales todos. Al menos yo te necesito.


 

Comentarios

15/4/2021 | 09:23
#0
el problema es que el individuo dejó de pensar en el prójimo. Las estupideces que relata muy bien el autor, atentando contra la vida, Sí señores, están atentando contra la vida, son las herramientas que utilizan sin ponerse colorados los anti todo. Es muy difícil luchar contra los medios que formatean a éstos individuos.