Soy mano

Saliendo de a poco

sábado, 4 de diciembre de 2021 · 08:04

Por Víctor Koprivsek

Hay mucho para decir sobre este 2020 que se termina.

Cuánto quedó flotando como panzonas gotitas de lluvia a punto de saltar del marco de las ventanas, diría, mucho mejor, Julio Cortázar.

Sin embargo y más allá de lo difícil que viene siendo para muchas personas ir saliendo de las restricciones que durante dos años han modificado nuestras vidas, el panorama de los últimos días del año invita al reencuentro.

El jueves por la tarde noche, un puñado de amigos y amigas de la cultura local, fotógrafas, artistas plásticas, músicos, dibujantes y escritores, nos hemos vuelto a encontrar en EnfiestArte. Una velada donde no faltaron ni los abrazos ni las palabras ni los colores ni la canción.

De a poco se va armando la ronda del reencuentro. El próximo domingo 12 será el turno de la muestra anual de Integrarte “RESISTENCIA: El arte como escudo”.

Y seguramente algunas invitaciones nuevas llegarán.

Les dejó una reflexión de esas que ayudan a hacer del mundo un mejor lugar:

CUANDO VENGAN CON CHISMES, PONGAMOS EN PRÁCTICA LA PRUEBA DE SÓCRATES.

En la antigua Grecia, Sócrates tenía una gran reputación de sabiduría. Un día vino alguien a encontrarse con el gran filósofo, y le dijo:

–¿Sabes lo que acabo de oír sobre tu amigo?

–Un momento –respondió Sócrates– antes que me lo cuentes, me gustaría hacerte una prueba de los tres tamices.

–¿Los tres tamices?

–Sí –continuó Sócrates– antes de contar cualquier cosa sobre los otros, es bueno tomar el tiempo de filtrar lo que se quiere decir. Lo llamo prueba de los tres tamices. El primer tamiz es la verdad. ¿Has comprobado si lo que me vas a decir es verdad?

–No, solo lo escuché.

 Muy bien. Así que no sabes si es verdad. Continuamos con el segundo tamiz, el de la bondad. Lo que quieres decirme sobre mi amigo, ¿es algo bueno?

–¡Ah, no! Por el contrario.

–Entonces –cuestionó Sócrates– quieres contarme cosas malas acerca de él y ni siquiera estás seguro que sean verdaderas. Tal vez aún puedes pasar la prueba del tercer tamiz, el de la utilidad. ¿Es útil que yo sepa lo que me vas a decir de este amigo?

–No.

–Entonces –concluyó Sócrates– lo que ibas a contarme no es ni cierto, ni bueno, ni útil; ¿por qué querías decírmelo?

“Mejoremos para bien nuestra vida individual y la sociedad cambiará también”.

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