Soy mano

“Nosotros y los miedos”

sábado, 16 de enero de 2021 · 07:50

Por Graciela Labale

Con la llegada de la democracia, tras el gran terror por esa noche eterna e infernal, la televisión, en todo su esplendor, producía programas imborrables, convocando a muchos de los actores silenciados por la dictadura y con unas temáticas impensadas para la época. Uno de ellos se llamaba “Nosotros  y los miedos”. Cada unitario presentaba una situación distinta relacionada con esa sensación de angustia provocada por un hecho extremo ya sea externo o interno.

Por estos días me puse a pensar cuántos capítulos podrían escribirse, hoy por hoy, sobre la misma problemática. Solo con la pandemia y todas sus caras: el pánico por el padecimiento físico personal y de los cercanos, la desocupación, el hambre, la soledad, el dolor por la pérdida de seres queridos, las mezquindades de todo tipo con la falta de solidaridad a la cabeza, la violencia intrafamiliar y muchos etcéteras, habría programas para rato. 

Sin obviar los miedos personales. Los míos se centran en cualquier situación que acontezca y que me impida seguir reconociéndome en la mirada de mis hijos, perderme de sentir su amor incondicional, dejar de disfrutarlos en ese día a día que nos une más allá del ASPO o DISPO o lo que cuerno sea. Eso sí, siempre con protocolo y en burbuja familiar.

El miedo existe desde que existe la humanidad misma. Es inherente al ser humano, por eso los grandes poetas no le esquivaron al bulto. Lo que sigue es un bello soneto de Pablo Neruda, “Tengo miedo”, que bien vale como cierre de esta “atemorizada” columna.
“Tengo miedo. La tarde es gris y la tristeza del cielo se abre como una boca de muerto. Tiene mi corazón un llanto de princesa olvidada en el fondo de un palacio desierto.

Tengo miedo -Y me siento tan cansado y pequeño que reflojo la tarde sin meditar en ella. (En mi cabeza enferma no ha de caber un sueño así como en el cielo no ha cabido una estrella.)
Sin embargo en mis ojos una pregunta existe
y hay un grito en mi boca que mi boca no grita.
¡No hay oído en la tierra que oiga mi queja triste
abandonada en medio de la tierra infinita!

Se muere el universo de una calma agonía sin la fiesta del Sol o el crepúsculo verde. Agoniza Saturno como una pena mía, la Tierra es una fruta negra que el cielo muerde.
Y por la vastedad del vacío van ciegas las nubes de la tarde, como barcas perdidas que escondieran estrellas rotas en sus bodegas. Y la muerte del mundo cae sobre mi vida.”
 

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