Soy mano

Eduardo Guajardo

Por Graciela Labale
sábado, 16 de mayo de 2020 · 08:30

Eduardo es un poeta y músico del sur del mundo, de ahí donde nuestra tierra parece caerse del mapa. De Río Turbio, del hacha y el carbón y escribe tan bonito hasta que, a veces, logra partirte el alma en dos. Y hoy encontré en él las mejores palabras para describir este momento que atravesamos.
“’Hay que soñar la vida, para que sea cierta´ (A. Tejada Gómez).
¿Por qué hay un llamado de auxilio al teléfono de un maestro en algún lugar de este mapa?
Soledad, es el nombre femenino de un tiempo sin abrazos. No siempre es un estado de tristeza o de nostalgia. Muchas veces, la soledad, es el momento y un espacio necesario para sentirnos solos. Porque necesitamos estar con nosotros mismos. Porque es preciso un espacio de silencio para pensar en cómo hacer, cómo seguir, cómo proyectar, cómo vivir. También es un momento para recordar, volver a pasar por el corazón, a los que no están. A los que amamos, o alguna vez nos amaron, y por qué no, de reafirmar los sueños. Sueños que a veces se vuelven tierra infértil, donde parece no crecer nada. Donde los “pisabrotes”, hacen su agosto y el paisaje se vuelve yermo, seco y desolado. Pero sin embargo, el desierto más austero, es un enorme ecosistema, pleno de vida.
Muchas veces nos hemos lanzado al río de la vida sin siquiera medir el fondo, la profundidad. Y muchas veces, hemos salido airosos y renovados. Como si el agua lograse lavarnos las penas, y limpiarnos los problemas cotidianos, con solo zambullirnos y ya. También, nos ha faltado el aire, y hemos tenido miedo de no poder. Hemos tocado el fondo, y cuando eso sucedió, lo hemos usado para tomar impulso y volver a la superficie de la vida.
Porque la vida, que no es ni un cuento de hadas, ni es mágica, ni color de rosa. Es simplemente, maravillosa…No es ni un cuento, ni mágica ni rosa, es simplemente VIDA.
Y es maravillosa porque nosotros existimos y estamos ahí para ser testigos de los días. De los malos, de los más o menos y de los absolutamente felices e inolvidables, que vivimos con nuestros amigos, vecinos, familia, o llanamente solos.
Es cierto que estamos aquí, de prepo y de manera inconsulta. Pero también es verdad, que estamos aquí por algún motivo. Alguna razón de ser y estar. Nos corresponde a nosotros dirigir nuestro destino. Porque ahora sí, somos nosotros los que elegimos, día por día, como queremos vivir. Aun en la pobreza, o en el abandono o el olvido, somos nosotros los que sacando fuerzas de nuestras debilidades, logramos triunfar cotidianamente al despojo y la indiferencia. Solos no podemos cambiar las cosas, solos no podemos bailar felices, solos no podemos encontrar los caminos que nos lleven a mejores tiempos. Necesitamos de todos, nadie sobra en este mundo, aunque así nos quieran hacer creer. Todos somos necesarios e importantes para alguien. Porque lo maravilloso de la vida, solo depende de nosotros. Porque la vida no es cuento, no es un truco y la vida en rosa es solo una bella canción de fondo. Porque nunca fue lo mismo, aunque nos quieran convencer de que nada cambia. Porque lo que alguna vez fue tragedia, luego fue comedia. Porque lo que hoy son lágrimas y soledades, pronto serán risas y abrazos.
‘El suicidio entonces, es un asunto complejo para el hombre (dijo el Maestro).
Es un acto desesperado escapando del dolor propio, y condenando a los demás a un dolor inagotable y compartido Transforma la vida en un campo minado, en donde el único que sobrevive es el suicida. Porque se queda para siempre en la memoria de los que le sobreviven.
La vida de allí en más, es un rompecabezas incompleto. Una eterna pregunta sin respuesta.
No es un acto de amor ni valentía. Es una acto indiferente, y desamorado.
Una respuesta individual, en tiempos de esperanzas colectivas.´”

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