Soy mano

Metro y medio de distancia

Por Víctor Koprivsek
sábado, 18 de abril de 2020 · 08:31

Los lunes cuesta un poco más. Es como que hay que arrancar. Como una inercia sutil que gana. Entonces algo se abarrota. Se amontona. Pasa en Derqui, en Pilar y hasta en Castelar. Sí, en el Oeste también. Acontece. 
Llama un poco la atención porque se cuentan los muertos casi a diario. Una suerte de cartel de peligro a metros del precipicio. Sin embargo, los lunes pareciera que se sobreponen, que empujan a salir. 
En todas las ciudades hay una calle céntrica, con comercios uno al lado del otro, los más tradicionales. También hay una sucursal bancaria, o al menos algún cajero automático. Seguramente una farmacia, un supermercado y una o dos panaderías. Una barrera de tren y claro, la estación. Todo centro que se precie de tal, debe tener una estación.
Decir conurbano suena a embudo, a cosa fregada, mezcolanza, barrios amontonados más que delineados. Suena a latido grande. A tambor retumbando. Lo cierto es que los lunes tragan, fagocitan colectivos, hileras de autos, trenes que rugen. Tumulto bah.
Después la cosa se tranquiliza, martes, miércoles, todo más tranqui. Jueves y viernes se estiran. Hay cierto acomodamiento en el hogar. Es irreal lo que pasa, como si fuera un sueño.
Los sábados ya hay más acción pero interna, alrededor de la mesa. Escoba de 15. Como que los hilos ya se movieron y sucede algo de risa. Una suerte de calma vislumbrada, de vida triunfal que se cae como de golpe, toda junta, el domingo. 
Vaya que los domingos se han llenado de sencillez.
-Más bien de supervivencia. Acota una voz fantasmal.
Todo esto en medio de un proceso que se va aprendiendo sobre la marcha.
Será por esto que los lunes, bueno, pues, aun con la amenaza ahí, como que algo tiene que arrancar. 
-Inercia che. 
Es un resorte que se ha metido, lo han-nos han-hemos, metido de algún modo, como un diminuto chip en nuestra cabeza, para que los lunes nunca dejen de arrancar, de moverse la rueda, el engranaje, la cadena.
En esa estamos lectores, nos preguntamos y respondemos solos, capaz nos despertamos sin saber bien qué día es. Un llamadito a una persona querida que hace tiempo no ves, para saber cómo anda, cómo está su familia. Voy a evocar a Darín: agradecer una ducha caliente.
-Se extraña la gente, me dijo una amiga querida.
Pregunta.
-¿Qué se puede escribir en la quietud?
Respuesta
-¿Acaso dejó de soplar el viento?
 

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