Soy mano

Todavía

por Víctor Koprivsek

Por Redacción Pilar a Diario 1 de febrero de 2020 - 00:00

Cada vez que ganan las sombras pierde el barrio.
Si criticás a un necio se vuelve tu enemigo. El sabio, en cambio, agradece. 
El Soy Mano de la semana pasada, escrito por Graciela Labale, empezó una seguidilla de “todavías” que hoy continúo.  
¿Cuántos todavías hay en Pilar? ¿Cuántos todavías hay en Derqui? ¿Cuántos todavías hay en nuestra sociedad? 
Todavía podemos buscar el lado más claro de la luna y de la gente (no su justificación).
Todavía es imperioso y necesario repetir: “No creas todo lo que dice la televisión”.
Todavía podemos parar de intoxicar nos.
La semana pasada se llevó a cabo el 41º Encuentro Nacional de Maestros Rurales. Cada año se reúnen en una provincia distinta docentes rurales de todo el país y esta vez fue en Buenos Aires. 
El eje de este congreso tan importante llevado adelante en Bolivar fue la problemática de las escuelas fumigadas con agrotóxicos.
¿Sabías que el año pasado se echaron 400 millones de litros de glifosato a lo largo y a lo ancho del territorio nacional? 400 millones de litros de veneno. 
Todavía podemos parar de intoxicar nos.
Todavía hay gente que lee a Eduardo Galeano y comparte sus profecías. 
Por ejemplo, esa que dice “serán reforestados los desiertos del mundo y los desiertos del alma. Los desesperados serán esperados y los perdidos encontrados. La humanidad agregará un nuevo mandamiento que se le pasó a la iglesia: amarás a la naturaleza de la que formas parte”. 
Todavía hay abejas que “siembran flores lo mismo en la montaña que en la llanura”.
Todavía alguien te recibe en una mesa de entrada con una sonrisa y un buen día. 
Todavía hay orejas que no se prestan a la mugre.
Todavía las redes sociales no llegaron a la Quebrada de Humahuaca. 
Todavía la Estación Toro de Derqui no es un Museo. Pero todavía hay esperanza. 
Todavía el abrazo salva y alguien elige sembrar la buena semilla. 
Todavía la amistad, el mar, el amanecer en la ventana y tu mirada compañera. 
Y tu mirada, compañera.
Todavía los hijos llegan a la mesa. Todavía una mano se tiende, alguien acaricia a un perro, una bandada de niños juega en los patios de la infancia.
Todavía hay música y poesía. Y Dios. 

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