Soy mano

El síndrome de la frazada corta

domingo, 27 de diciembre de 2020 · 07:33

Por Graciela Labale 

Alguna vez en esos inviernos crudos ¿te ha tocado luchar con una frazada corta?, las que si te tapás la espalda los pies quedan afuera. A mí sí, muchas veces tuve que lidiar con esas que nunca logran dar calor al cuerpo entero para poder conciliar ese sueño reparador que ayude a enfrentar el día siguiente como si fuera la eternidad misma.
Digamos que éste es un ejemplo concretísimo de lo que sucede cuando la frazada, es literalmente corta. Pero este paradigma, vale para aplicarlo a unos cuántos temas de esta vida, que tantas veces nos dejan con los pies o la cabeza a la intemperie. Y es ahí donde me atrevo a chamuyar sobre lo que llamo “el síndrome de la frazada corta”.
A quién no le pasó, alguna vez o siempre, que contenta o contento, llegado el día del “mensual” o del cobro de la jubilación, con los pesos en el bolsillo, empieza a repartir, aunque sea con la imaginación. Que la luz, que los impuestos, que los viáticos, que el morfi, que un calzón o un par de medias porque ya hasta da vergüenza colgarlos en el tendal, una entradita al cine y cuando hacés los números verdaderos te das cuenta que sólo alcanza con suerte para pagar la luz, la comida y los mangos para el bondi. Y ya…otra vez la frazada quedó corta.
O esos días en los que te levantás a pura energía y desde la cama misma, sin haber aprontado el primer mate de la mañana, mentalmente, desarrollás una agenda amplísima y a las 9 de la noche te das cuenta que hiciste la mitad o menos. ¿Qué onda? o el día se achicó o tu energía no llegó ni a las 12 del mediodía. Otro ejemplo cotidiano de frazada corta.
Y ni hablar de los amores, faaaaa. Conocés un tipo o tipa, te enamorás hasta los huesos, vivís un romance del que creés es lo mejor que te pasó en la vida, y así como así, de buenas a primeras, o no tanto, empezás a sentir que no cubre ni la cuarta parte de las expectativas que tenías de aquel o aquella de las mariposas en la panza. ¿Por qué? La cabeza a veces arma frazadas amplias pero en realidad… Frazada corta atacando nuevamente.
Imposible no pensar en este síndrome cuando de los gobiernos, (dejando de lado a los neoliberales que decididamente te dejan sin frazada) o mejor dicho los funcionarios de los gobiernos de turno, de cualquier signo político y en cualquier momento histórico, sobre todo cuando uno le puso todas las fichas que tenía por jugar, empiezan a mostrar signos de este gravísimo mal. Un ejemplo común y tristemente, demasiado corriente, y con el debido respeto por todo lo realizado en cuestiones de salud y alimentación, ante el horror de una pandemia mundial, es la falta de medicamentos imprescindibles para patologías en muchos casos gravísimas, como las psiquiátricas, que no pueden esperar y tantas otras igual de graves, que nada tienen que ver con el Covid 19. Marche una frazada corta por ahí. Y así podríamos seguir indefinidamente con la cultura, con la educación, con la seguridad, con la prevención y tratamiento  de la violencia de género, el transporte, la justicia, el trabajo genuino y tantos etcéteras que no caben en esta columna. Me pregunto: ¿algún día aparecerá una vacuna para este terrible síndrome, cosa de que la frazada alcance para todos, sin dejar a nadie afuera? O el embudo para muchos siempre será ancho y para otros,  agudo…

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