Soy mano

A pesar de todo…un sapucay

sábado, 19 de diciembre de 2020 · 07:36

Por Chino Méndez 


¿Qué diremos de este 2020? Los supersticiosos se manotearán alguna parte izquierda de su cuerpo con una seriedad quirúrgica. Por allí, algún escolaseador me dijo, estirando la punta de un naipe, que el 13 pasó a ser de los buenos, el yeta posta ahora es el 20. Los artistas, en general, dirán que fue un año triste. Justo para ellos, que nos alegraron muchas noches por zoom o streaming.
¿Qué diremos en el mantel de la sobremesa del futuro acerca de este tiempo ceniza? Cada quien tendrá su subjetivo paladar a la hora de analizar este año de mierda. ¿Cuál será la opinión de los miserables? ¿Analizarán algo más que costos?
Pero alguna buena tenía que caer, y no hablo sólo de la vacuna que a esta altura ya no interesa si la hacen en Moscú o en Tanzania. La buena nueva llega desde la UNESCO y su anuncio acerca de que el chamamé es patrimonio cultural de la humanidad. Sí, una de las músicas folclóricas más postergadas en cuanto a “cartel” se refiere. Y a pesar de que los eurocentristas vernáculos se escandalicen, porque la consideraron siempre música de “sirvientas”, esto es el reconocimiento no solamente a una melodía, sino a un territorio y a una manera de vivir. 
Para quien no conoce el litoral sólo quiero decir tres cosas: los cunumicitos (ternuritas, en guaraní) tapan las sonrisas con sus manitos, como si se avergonzaran de la alegría. Hay lugares en que es lo mismo estudiar o no, porque la única manera de ganarse la vida es labrando la tierra de otro. Ser explotado. Si vas te vas a dar cuenta, la comida se comparte porque, a través de ella te brindan el esfuerzo de seguir adelante a pesar de todo. Las madres saben que sus hijos deben irse a vivir lejos para tener una vida mejor y esos chicos crecen viviendo el desarraigo como, tal vez, la única posibilidad. De allá lejos vienen los jardineros y los albañiles y las mucamas. De esos dolores llegan y como único equipaje traen la música del lugar para poder sonreír con dignidad.
Soy hijo de una doméstica y un cosechero, no se imaginan lo que pasa acá adentro cuando suena un chamamecito o cuando recuerdo a mis padres bailando abrazados con sus ojos entrecerrados y la vista puesta “allá ité”. 
Por esto y por otras cuestiones mucho más personales, este año fue también de reconocimento, de asumir de dónde vengo y hacia dónde voy. Te juro, todo se renueva, todo.
Y cómo todo tiene que ver con todo, en este 2020 partió el hijo de una pareja correntina. El Diego se fue y sin embargo seguirá siendo toda eternidad. Ya está colgado de los brazos de Evita y Gardel.
Otro día les cuento que sentí yo a las 0 hora del 31, por lo pronto les adelanto que gritaré mi sapucay, en honor a los míos, porque ya terminé de morir y debo seguir naciendo. 

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