Soy mano

Todavía

Por Graciela Labale
sábado, 25 de enero de 2020 · 00:00

Según el diccionario, la palabra “todavía”, adverbio para la gramática, refiere a una situación que persiste en el momento del cual se habla o en el momento en que se habla o escribe; presupone que dicha situación cambiará o es posible que cambie en el futuro.
Pero las palabras, más allá del significado literal, de golpe, tienen ese no sé qué, ¿viste? Lo que los psicoanalistas llamarían significante. 
Un “todavía” dicho en un contexto de rueda amiguera, de risas y brindis, en un bodegón tanguero con tono festivo quedará, por siempre, entre esas anécdotas que permanecerán en la memoria de aquel grupo del apego eterno, y se irán engrandeciendo con el paso del tiempo. 
Y cuando la palabra “Todavía” irrumpe es inevitable recordar parte de la letra de “Tratando de crecer” la bella canción que se destaca en la voz del rosarino Juan Carlos Baglietto:
“Todavía me emocionan ciertas voces,
todavía creo en mirar a los ojos,
todavía tengo en mente cambiar algo,
todavía y a Dios gracias todavía…”
Y como de “todavía” trató buena parte de la charla, sentencio:
-Todavía me gusta recorrer los viejos cafetines porteños. “El boliche de Roberto” en el barrio de Almagro, es uno de ellos.
-Todavía me gusta trasnochar con amigas y amigos, algunos de ellos con los que ahora, por la distancia, me veo tan sólo una vez al año.
-Todavía me gustan esas charlas profundas y aquellas otras totalmente intrascendentes pero que nos llenan de lágrimas y risas a la vez, bien regaditas, a veces, con vinos y licores extraños de dudoso origen.
-Todavía me gusta que me digan “la rubia”, buscando beneficios innombrables, a través de lo que se supone logro por mi color de pelo u otras gracias aún no perdidas, aunque la decadencia  sea ya inevitable.
-Todavía me gusta compartir confesiones de dolor y gloria, bien almodovarianas.
-Todavía me gusta descubrir las viejas botellas de Hesperidina o vermuth rojo ocultas bajo un manto de polvo y telarañas.
-Todavía me gusta escuchar a esos violeros que acompañan a todos sin chistar, con la mejor buena voluntad, aún a cantores con severa dificultad cantoril, pero consiguen su minuto de fama.
-Todavía me gusta descubrir a una cantora, en este caso a Estela, la murguera de Palermo, que llega pasaditas las 2 AM, acompañada de un caballero de “funyi” blanco, que con un vestidito sencillo, sin maquillaje, ni brillos, a puro coraje tanguero, se lleva todos los aplausos con su versión de “Muchacho”.
-Todavía me gusta reconocerme en algunos versos de esos tangazos que atropellan “desde el fondo del doque” y que decretan sin más ni más “de tu país ya no se vuelve ni con el yuyo verde del perdón”.
-Todavía me gustan los abrazos de la despedida, al amanecer, y el deseo compartido de que pronto se repita la juntada.
“Todavía y a Dios gracias, todavía”

7
11

Comentarios