Soy mano

Rapiña

Rapiña

Por Graciela Labale

El dolor en el alma, en el corazón y hasta en el cuerpo se han vuelto para mí un hecho cotidiano. Para los que caminamos los barrios del conurbano profundo, esos que habitan en la orfandad del barro, las penurias de los hermanos por sobrevivir, la falta de todo, dígase escuelas, jardines, atención de la salud física y psíquica, comida, una red que los sostenga, la confianza en el de al lado para fortalecerse, pega fuerte. Ahí donde lo único que abunda es la hostilidad,  la violencia y el abuso de todo tipo, donde han reaparecido con toda la fuerza las enfermedades de transmisión sexual por la falta de prevención y cuidados, las largas esperas para poder realizar controles sanitarios que deberían ser habituales, los niños recién nacidos con bajo peso o malformaciones producto de cuestiones que podrían preverse, los enfermos que van a los centros de salud y aún, en muchos casos, saliendo muy bien atendidos, no pueden acceder a los medicamentos ya que en las salitas no hay ni una aspirina, son moneda corriente. 
Al centro comunitario de Fundación PIBES en el que trabajo junto a un equipazo o a la Biblioteca Popular Palabras del Alma donde soy voluntaria, se acerca buena parte del barrio a encontrar un lugar, un espacio de contención, alguna solución y hasta un abrazo.
Una mujer con un diagnóstico de artritis reumatoidea, no para de llorar, no puede comprar esos remedios que la alivian un poco, está imposibilitada de trabajar, su mal es invalidante y no tiene cómo sobrevivir. Un bebe prematuro debe tomar una leche especial para sobrevivir y la cantidad que le otorga el Estado no le alcanza para cubrir su necesidad. Una niña después de haber comido en abundancia cosas riquísimas y tomado yogurt donados por personas de buen corazón, en los festejos de cumpleaños mensuales de la biblio, pide otro sanguchito para llevarse a su casa y algo para convidar a su mamá que come salteado. Y así podría seguir . Por esto y mucho más se hace muy difícil, en este tiempo, escribir bonito, encontrar la belleza, a veces hasta se hace difícil escribir. Sólo esto.
“Buitres y caranchos vuelan bajo. Buscan carroña entre los ignorados del sistema. Quieren tierra arrasada.
Y pensar que hubo un tiempo de palomas libres, de utopías tenaces y porfías de igualdad! En la negrura de la noche fatal se volvieron mariposas que de tanto en tanto regresan en su lucha contra el olvido. Dicen en el reino que las aves de rapiña les temen. Saben que siempre vuelven aunque sea en el alma de ese pibe que pide pan.”
 

Comentarios Libres
  1. grafico
    Jose Maria | 07/09/2019 | 15:31
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    #1
    grafico
  2. La periodista tendría que ser mas clara, cual fue el tiempo de palomas libres y de utopías, las de los subversivos de los 70 o la de los que se robaron todo durante 12 años, de la mano de castro comunismo?