Soy mano

Una historia al oído

por Víctor Koprivsek

Por Redacción Pilar a Diario 14 de septiembre de 2019 - 00:00

Buscando lo pequeño encontramos lo grande. 
La “Tana” tiene ojitos tristes, es profe de gimnasia. Pero es más que eso. 
Los pibes la aman, cuando ella los mira, en ese momento, se produce una conexión especial donde todos ríen y aplauden. No es fácil conectar con adolescentes. 
Son tiempos difíciles, tanto para jóvenes como para grandes.
Y ella que, según dijo, nunca se sube al escenario para hablar; se paró adelante de todos y con vos cortada empezó a soltar un poco de lo mucho que sentía en ese día tan especial. 25 años de trabajo repasados en un ratito. 
El discurso arrancó medio duro pero enseguida aflojó.
El colegio primario del Club Derqui fue una locura linda, uno de esos sueños imposibles que al final se vuelven realidad, para alivió del barrio.
Por eso la “Tana” habló, porque es una de las que está desde el primer día. Es más, un año antes ya estaba dando una mano en el jardín Los conejitos. Dijo.
Mientras ella hablaba mi viejo empezó a decirme cosas al oído. Fuimos juntos al evento. Nos sentamos uno al lado del otro, cuarta fila. 
Yo quería escuchar lo que decía la “Tana” pero el viejito lindo empezó a soltar historias de antes, cosas de la panadería del “Loco” Palpacelli, de cuando laburaba ahí con Juancito Biestro. Cosas de hace cincuenta años atrás.
Yo no quería decirle que se calle, por respeto. Y de repente, casi como un susurro, me dice: “ella nos llevó los anillos cuando nos casamos con tu madre”.
Me impacto la confesión. Fue entonces cuando lo miré a los ojos. Los tenía vidriosos.  
Cosas del barrio, pensé, que se mezclan entre lágrimas cuando el corazón y el pecho se abren. Era un día cualquiera. 
Miré alrededor y vi. 
Estábamos los que estábamos: Angélica, Nancy, Mengu, Tati, Fernanda, Pablo, Marcelo, Gaby, Nico, Mónica, Silvia y más gente conocida.
Miré al escenario y la escuché decir: “Lo feo se queda al costado y se pudre ahí. Yo me quedo con lo mejor. Acá viví los momentos más felices y la alegría más grande.”
Estaba emocionada la “Tana” mirando al grupo de estudiantes que desde las gradas la miraban sin chistar. Y empezaron a aplaudirla. Los pibes arrancaron a ovacionarla.
Después la foto salió sola. Foto de tapa. Ella rodeada de estudiantes y todos sonrientes y haciendo muecas abajo del tinglado, en la cancha de básquet.
Nos fuimos abrazados con el viejo, calle Dorrego rumbo a Iparraguirre. Los dos en silencio mientras el tránsito del mediodía colapsaba en la esquina. Mientras Derqui se amontonaba en la garganta, en los recuerdos, en el presente.
Y también, en el mañana.
 

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