Soy mano

A esta hora exactamente

Por Graciela Labale

A esta hora exactamente

Hoy, cuando son tantas y tantos niños y adultos para los que la calle o sus ranchitos destartalados de madera deshojada y piso de tierra, se convierten en el único lugar posible para pasar los días con sus noches, tremendas noches de un invierno, tan gélido como los corazones de muchos, sólo queda buscar resguardo en este tremendo poema de Armando Tejada Gómez, escrito en la década del 60. Poema urgente, imprescindible. 

Hoy lloro.
“A esta hora exactamente hay un niño en la calle. Le digo amor, me digo... Recuerdo que andaba con las primeras luces de mi sangre, vendiendo una oscura vergüenza: la historia, el tiempo, diarios, porque es cuando recuerdo también las presidencias, urgentes abogados, politiqueros, asco. Cuando subo a la vida juntando la inocencia, mi niñez triturada por escasos centavos por la cantidad mínima de pagar la estadía como un vagón de carga, y saber que a esta hora mi madre está esperando, quiero decir la madre del niño innumerable que sale y nos pregunta con su rostro de madre ¿Qué han hecho de la vida? ¿Dónde pondré la sangre? ¿Qué haré con mis semillas si hay un niño en la calle?
Es honra de los hombres proteger lo que crece, cuidar que no haya infancia dispersa por las calles, evitar que naufrague su corazón de barco, su increíble aventura de pan y chocolate.
Transitar sus países de bandidos y tesoros poniéndole una estrella en el sitio del hambre.
De otro modo es inútil ensayar en la tierra la alegría y el canto, de otro modo es absurdo porque de nada vale si hay un niño en la calle.
Donde andarán los niños que venían conmigo ganándose la vida por los cuatro costados porque en este camino de lo hostil, ferozmente cayó el Toto de frente con su poquita sangre con su ropa de fe, su dolor a pedazos y ahora necesito saber cuáles sonríen. Mi canción necesita saber si se han salvado porque si no es inútil mi juventud de música y ha de dolerme mucho la primavera este año.
Importan dos maneras de concebir el mundo. Una salvarse solo. Arrojar ciegamente los otros de la balsa, y el otro es un destino de salvarse con todos, comprometer la vida hasta el último náufrago, no dormir esta noche si hay un niño en la calle.
Exactamente ahora si llueve en las ciudades, si la niebla desciende como un sapo del aire y el viento no es ninguna canción en las ventanas, no debe andar el mundo con el amor descalzo enarbolando un diario como un ala en la mano,
trepándose a los trenes, canjeándonos la risa golpeándonos el pecho con su ala cansada.
No debe andar la vida recién nacida a precio la niñez arriesgada a una escasa ganancia, porque si no las manos son dos fardos inútiles y el corazón apenas una mala palabra.
Cuando uno anda por los pueblos del país o va en tren por su geografía de silencio, la patria sale a mirar al hombre con los niños desnudos preguntándose qué fecha corresponde a su hambre, qué historia les concierne qué lugar en el mapa.
Porque uno Norte adentro y Sur adentro encuentra la espalda escandalosa de las grandes ciudades nutriéndose de trigo, vides, cañaverales donde el azúcar sube como un junco del aire.
Uno encuentra a las gentes, los jornales escasos, una sorda tarea de madres con horarios y padres silenciosos, molidos en la fábrica. Uno a veces andando de madrugada la intemperie dormido con un niño en los brazos. Y uno recuerda anécdotas: señores que en París han bebido por la antigua belleza de Dios sobre la barca en donde han sorprendido la soledad de frente y la índole triste del hombre solitario.
En tanto sus mujeres tienen angustias y cambian de amantes esta noche, y de médico esta tarde porque el tedio que llevan no les cabe en el mundo. Y ellos son accionistas de los niños descalzos, ellos han olvidado que hay un niño en la calle, que hay multitud de niños que viven en la calle. Exactamente a esta hora hay un niño creciendo. Yo lo veo apretándose su corazón pequeño mirándonos a todos con sus ojos de fábula. Viene, sube hacia el hombre acumulando cosas, un relámpago trunco le cruza la mirada porque nadie protege esa vida que crece y el amor se ha perdido como un niño en la calle.

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