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Soy mano

Falta de memoria, doble moral, hipocresía

Por Graciela Labale
Por Redacción Pilar a Diario 27 de julio de 2019 - 00:00

Muchas veces leo o escucho a gente de mi edad, de ambos sexos, de distintos niveles socioculturales, y creo que padece serios trastornos de memoria. No recuerda sus años mozos o está sumida en la más absoluta hipocresía a causa de una creciente doble moral. Digo… pienso.
Si bien es real que la sociedad cambió, que la juventud es  otra, que los adultos responsables a veces ni figuran en la vida de las nuevas generaciones, hay historias que son tan viejas como la humanidad misma, como la injusticia, diría mi vieja. Pero lamentablemente está más listo el dedo acusador que ponerse a recordar que hay muchísimas cosas que nosotros, los de la tercera edad, también vimos, vivimos y hasta atravesamos en primera persona.
Lo que sigue es un relato breve que escribí hace muy poco, pensando estas cuestiones de los olvidos y la moralina circundante. En fin, de una hipócrita forma de pensar y vivir. 

Mea culpa
“Por mi culpa, por mi culpa, por mi grandísima culpa, imponían las monjas de letanías eternas y nos obligaban al rezo.
Por mi culpa, por mi culpa, por mi grandísima culpa, aquel bordado de blanco inmaculado de la clase de labores y que nunca pude terminar.
Por mi culpa, por mi culpa, por mi grandísima culpa fue ese beso robado al pibe del Nacional de varones de la otra cuadra.
Por mi culpa, por mi culpa, por mi grandísima culpa, aquella escapada entre muros, del tortuoso retiro espiritual obligado, para tomar los primeros licores a escondidas o prender el primer cigarrillo.
Por mi culpa, por mi culpa, por mi grandísima culpa, y toda la barra sentada en la vereda, rockeándola, en rueda de guitarras y canciones de los Beatles, hasta que la vieja me mandaba para adentro.
Por mi culpa, por mi culpa, por mi grandísima culpa y el arrebato de amar al chico de la prójima a lo oscuro del viejo club de barrio.
Por mi culpa, por mi culpa, por mi grandísima culpa y la virginidad acabada en un cuarto de hotel alojamiento.
Por mi culpa, por mi culpa, por mi grandísima culpa. Y la culpa que quedó ahí, derramada para siempre en un diván de Villa Freud.
Chau culpa. Adiós.”

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