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Soy Mano

Y al octavo día Dios creo a los amigos

Por Redacción Pilar a Diario 20 de julio de 2019 - 00:00

Por Víctor Hugo Koprivsek 

Después del merecido descanso y viendo la magnificencia de su obra, después de celebrar y admirar, pensó en lo inevitable, en el dolor que llegará, en la soledad, las tormentas, las pérdidas y las injusticias; y supo de antemano que algunas noches, por más que la vida sea, no alcanzará ni el sol de la mañana ni la fortuna, ni siquiera la fe, y durante horas meditó.
Meditó y meditó.
Y le vino a la mente el abrazo, el acompañamiento justo, la previsión de crear también un salvavidas terrenal; le dio vueltas y vueltas al asunto, sabiendo que su creación perfecta iba a necesitar, no pocas veces, de un hombro para llorar y de otra risa para reír.
Y así fue que al octavo día Dios creó a los amigos.
Y los creó inquebrantables, seres comunes y corrientes que de un solo chasquido de dedos y en un instante pudieran ser capaces de jugársela de una, de convertirse en gigantes, en gladiadores listos a blandir espadas para defender, listos para honrar el sentimiento. Para cuidar y estar.
Y fue tan hermosa esa visión, esa idea fue tan bella, que su corazón se estremeció de tal manera que a cada uno y a cada una de los nacidos y nacidas en su mundo, les otorgaría esa potestad: la de ser buenos amigos.
“Este es mi legado y mi resguardo, no estarán solos; muchos no creerán, pero no estarán solos jamás”, sonrió al octavo día.
Y así fue.
Además de los cielos y la tierra, de la luz y las tinieblas, del día y la noche; además de la hierba verde y las semillas, del sol, la luna y las estrellas; además de los peces, las aves, las serpientes y los animales; además del varón y la hembra, sobre la faz de esta Tierra, están los amigos.
Héroes silenciosos, prestos a acudir, expectantes de ser necesitados.
Son parte fundamental de la creación misma, cada uno de los miles y millones de seres humanos tienen la poderosa llave.
“Esta virtud estará en el corazón y allí será guardada para que nada ni nadie pueda jamás matar esta semilla: la de ser un buen amigo y una buena amiga, siempre, pero más aún cuando la ocasión lo requiera”, ordenó.
Por las dudas, Él, que todo lo sabe, también tocó el corazón de los perros, los pichichos, las mascotas. Como para asegurarse vio.
En fin, escrito está.

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