Soy mano

“La avaricia”

por Graciela Labale

Por Redacción Pilar a Diario 11 de mayo de 2019 - 00:00

“Cae injusta sobre los techos de chapa
salpica las narices, soporta y espanta
se niega la sopa, el plato y el diente
se niega el brillo
caen uno a uno los astros.

Qué oscura la villa, el sol palpita de a ratos!
Las callecitas tienen la orfandad del barro.
Un gris de otoño tiñe los ranchos.
La vida se quiebra en los pasillos sombríos. 
Qué oscura es la villa, el sol palpita de a ratos!”

Cuando ustedes, los fieles lectores y lectoras de esta columna estén leyéndola, ya habrá pasado la presentación de la 1ª Antología del Taller de Escritura Creativa de IntegrArte Pilar, del que participan auto-ras y autores de la zona, apasionados por la palabra: Graciela Varrella, Norma Girardón, Mirta Sosa, Mariela Herrera, Graciela Vergani, Matías Bonfiglio, Mariela Palermo y la que suscribe.  En sus páginas figura el texto del comienzo, “La avaricia”, inspirado en uno de los pecados capi-tales, que escribí en dupla con la profe Palermo, coordinadora del grupo.
¿Y por qué lo elegí para arrancar?
 Porque hoy es jueves, día en que generalmente me dispongo a escribir para El Diario y acabo de llegar de mi trabajo como voluntaria en la Biblioteca Palabras del Alma del Barrio Nuestra Señora del Pilar. Porque llueve a cántaros e igual la Biblio se llenó de pibas y pibes. Porque a la mayoría, por la avaricia de unos pocos muy poderosos, se les niega la sopa, la leche caliente, las zapatillas secas, el abrigo, el lápiz, el cuaderno y hasta el abrazo.
Es jueves por la tarde y el barrio se oscurece de golpe. Aún más. Una tormenta impiadosa, desnuda un gris de otoño y tristeza que todo lo tiñe. Las calles quedan en soledad, muestran la orfandad del barro. Sin embargo, las niñas y niños privados de casi todo, siguen ahí, coloreando dibujos, repasando las letras a las que tanto les cuesta acceder, leyendo cuentos, jugando y esperando esa merienda que los ayude a llenar sus panzas casi siempre vacías. Y ríen y agradecen cada mirada, cada gesto, cada saludo cariñoso. Y esperan, cada día, cada semana, esperan. Esperan que la tormenta pase, que todas las tormentas pasen. Esperan que la vida les sea un poco menos sombría y un poco más justa. Nos esperan, a todos nos esperan.  
¿De qué otra cosa podía escribir hoy?

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