La gente está rara. Estamos raros. Mi hija me acota: “Rares”. Me dice que es lenguaje inclusivo. La gente está enojada y desencajada.
Cuando digo “la gente dice…”, me viene a la cabeza Mirta Legrand (juira, juira pensamiento malo). No sé si se dieron cuenta que la señora se escuda atrás de “la gente dice…” y ya todos sabemos que en realidad es ella la que dice.
-Pero si vos no dijiste “la gente dice” –me digo a mí mismo–. Vos dijisteis “la gente está rara”.
A la flauta, ahora hablo y me respondo solo. ¿Nunca les pasó?
Enojada, desencajada. Ensimismada, angustiada, preocupada, estresada, cansada. La gente está detonada. Una vez escuché una anécdota que me contó mi amigo el “Chino” Méndez sobre cierto encuentro entre el embajador de EE.UU. en Chile durante la presidencia de Salvador Allende, que le dijo a este:
–Usted está equivocado, usted cree que la gente es buena pero en realidad la gente es mala.
Y Allende le respondió:
–Puede ser, pero yo seguiré creyendo que la gente es buena.
Capaz que cuando digo “la gente dice” (que no, que nunca dijiste eso) es porque ya estoy inmerso en ese reflejo ‘Legranezco’ que aguantamos como una costra repugnante que la tele repite una y otra vez hasta la eternidad y más allá de las siete galaxias por los siglos de los siglos amén.
–¡Oh, magnánima Mirta Legrand, vocera de la clase media agonizante que con sus últimos estertores dice algo que usted, eterna inmortal, repite y amplifica jugándose la vida.
Y entonces aparece el último ‘dato’ (como dice Longobardi) sobre la fucking pobreza, con esos números desquiciados de pobres, que el tema se vuelve tan desagradable que ni da para hablarlo en la mesa de la señora.
Les repugna tanta gente revolviendo la basura buscando qué comer.
“Tarumba, te tengo dicho que nunca cruces del otro lado del muro que hay malas luces. La gente de aquellos altos piensa que niño negro en las calles no es cosa buena. Tarumba no te demores, regresa a casa, que de este lado del muro tu madre aguarda. Tarumba, no me preguntes por qué maldicen a tanto negrito pobre de ojitos tristes. Ya cuando crezcas, verás que es cierto, la vida estará esperándote pese al cerco. Será una muchacha hermosa como una estrella. Los muros jamás detienen la primavera. Tarumba, nunca te olvides lo que te aclaro: ningún niño nace feo, ni nace malo.”
–Che, vo´, ¿dijiste estertores…? ¿Y eso qué carajo es? ¿Una palabra que inventaste?
–Yo qué sé, me salió así: “últimos estertores”.
Qué rara que está la gente. Hablo y me respondo solo.
¿Nunca les pasó?


