Soy mano

Hacer la plancha

Hacer la plancha


Por Graciela Labale 

Las vacaciones y el descanso ya quedaron atrás. El regreso a la realidad está siendo muy duro. La vuelta a los barrios donde están situadas las bibliotecas Palabras del Alma y al trabajo en la Fundación PIBES muestran todo lo que una no quisiera ver, ni vivir tan en carne propia. Aunque esto  sea absolutamente inevitable.
Por eso, como el verano continúa y los deseos de extender el descanso también, decidí, al menos desde la columna, inspirar, exhalar, relajar y hacer la plancha. En este caso una plancha digamos… poética.
Voy a compartir la última adquisición que fue a parar directo al cuadernito que reúne esa poética que, al menos en mi vida, hace bien. Esta vez y por ser éste un verano caliente va una poesía erótica de Fernando del Paso: “Ella y yo hacíamos el amor”.
Ella y yo hacíamos el amor diariamente
En otras palabras, los lunes, los martes y los miércoles
Hacíamos el amor invariablemente…
los jueves, los viernes y los sábados,
hacíamos el amor igualmente…
Por último los domingos hacíamos el amor religiosamente.
Hacíamos el amor compulsivamente
Lo hacíamos deliberadamente
Lo hacíamos espontáneamente
Hacíamos el amor por compatibilidad de caracteres,
por favor, por supuesto, por teléfono,
de primera intención y en última instancia,
por no dejar y por si acaso,
como primera medida y como último recurso.
Hicimos el amor por ósmosis y por simbiosis:
y a eso le llamábamos hacer el amor científicamente.
Pero también hicimos el amor yo a ella y ella a mí,
es decir, recíprocamente.
Y cuando ella se quedaba a la mitad de un orgasmo y yo,
con el miembro convertido en un músculo fláccido,
no podía llenarla, entonces hacíamos el amor lastimosamente.
Lo cual no tiene nada que ver con las veces en que yo me imaginaba que no iba a poder, y no podía,
y ella pensaba que no iba a sentir, y no sentía,
o bien estábamos tan cansados y tan preocupados que ninguno de los dos alcanzaba el orgasmo.
Decíamos entonces que habíamos hecho el amor aproximadamente.
Muchas veces hicimos el amor contra natura,
a favor de natura, ignorando a natura.
O de noche con la luz encendida,
o de día con los ojos cerrados
con el cuerpo limpio y la conciencia sucia o viceversa.
Contentos, felices, dolientes, amargados.
Con remordimiento y sin sentido.
Con sueño y con frío.
Y cuando estábamos concientes de lo absurdo de la vida,
y de que un día nos olvidaríamos el uno del otro,
entonces hacíamos el amor inútilmente.
Para envidia de nuestros amigos y enemigos,
hacíamos el amor ilimitadamente, magistralmente, legendariamente.
Para honra de nuestros padres, hacíamos el amor moralmente.
Para escándalo de la sociedad, hacíamos el amor ilegalmente.
Para alegría de los psiquiatras, hacíamos el amor sintomáticamente.
Hacíamos el amor físicamente,
de pie y cantando,
de rodillas y rezando,
acostados y soñando.
Y sobre todo, y por la simple razón de que yo la quería así
Y ella también
hacíamos el amor…
voluntariamente.
 

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