Pilar tiene dos celebraciones emblemáticas que siguen transmitiéndose por generaciones: las Fiestas Patronales y la firma del Tratado del Pilar. Ya pasaron casi dos siglos desde que, en una incipiente ciudad de Pilar, los gobernadores de Santa Fe (Estanislao López), de Entre Ríos (Francisco Ramírez) y su par de Buenos Aires (Manuel de Sarratea), suscribieron al tratado que puso fin a la guerra entre el Litoral y Buenos Aires, sentando las bases para una organización federal de las Provincias Unidas.
Reconocido en la Constitución de 1853 como uno de los “pactos preexistentes”, el Tratado del Pilar fue exaltado o mirado de reojo de acuerdo al pensamiento de época, aunque un aspecto es innegable: es parte del ADN pilarense.
Son muchos los historiadores que reivindican al Tratado como un intento de pacificación nacional, un paso fundamental para la unión del país, por más que su firma no logró detener las luchas internas.
Hoy se cumplen 199 años de su firma, sin embargo, no existe certeza de donde se firmó. Sí existe cierto consenso de recordarlo, al menos en forma simbólica, en uno de los actuales accesos al centro de la ciudad, a metros de donde se ubica la sede del Automóvil Club (hoy hay un mástil sin bandera recordando el hecho).
De hecho, los nombres de las calles así lo homenajean: la Avenida Tratado del Pilar pasa a llamarse Sarratea, para luego tomar el nombre de Francisco Ramírez por una cuadra (luego es Víctor Vergani). A dicha calle la “corta” Estanislao López, denominación de la vieja ruta 8. Es decir, un punto tripartito compuesto por López-Ramírez-Sarratea.
“El Pilar que conocemos, en 1820 no estaba ni siquiera demarcado, y la Parroquia comenzó a construirse un año después”, recordó Silvia Villamagna, presidenta de la Junta de Estudios Históricos, en una entrevista que le hiciera El Diario tiempo atrás. El pueblo “era el campamento siguiente al que ellos –López y Ramírez- tenían en Santa Fe. Se establecen en la zona de La Montonera y hasta allí llegó Sarratea galopando desde San Antonio de Areco”, amplió la historiadora.
En ese sentido amplió: “Si te ajustás a la letra de lo que dice el Tratado, se firmó a los pies de donde, en aquel momento, estaba la capilla Nuestra Señora del Pilar. En 1820, la única capilla que había era en la que estaba en lo que era Pilar Viejo. Muchos de nosotros ubicamos ese lugar como el sitio donde estaba el mini obelisco. Probablemente Sarratea llegó al campamento y, bajo la sombra de algún árbol, se produjo este hecho histórico para todos los argentinos”.
El único documento conservado está en el Museo Provincial de Santa Fe, pero solo indica los artículos del Tratado.




