Soy mano

Así ves mejor

Por Víctor Koprivsek
sábado, 23 de noviembre de 2019 · 00:00

Ojos para ver. Para observar y observarnos. Ojos perfectos que dibujan formas y colores en tu mente, que transcriben los contornos y las muecas que luego el oído le pone eco de risas.
Ojos, miradas. Pares de ojos para mirar hijos, para sentir familia y sostener columnas de edificaciones y cotidianas magnitudes. Ojos para posar aprecios y reflejar lo que sucede adentro en el corazón guardado, en la dimensión del alma.
Ventanas para seguir armando el amor con miradas comprensivas en el mundo difícil que explota.
Ojos para verte, para saberte cerca. Para no tantear en el vacío. 
¿Cómo funciona el ojo?
“El ojo recibe los estímulos luminosos procedentes del entorno. La luz atraviesa los medios transparentes y la lente del ojo y forma una imagen invertida sobre la retina. En la retina, células especializadas transforman la imagen en impulsos nerviosos. Estos llegan a través del nervio óptico hasta la región posterior del cerebro. El cerebro interpreta las señales mediante un complejo mecanismo en el que intervienen millones de neuronas.”
Ojos que están ahí, de mañana al despertar, y que con tus manos refriegas para desperezar el día y mirar al sol. Entonces ¿sos mirada? Somos mirada, somos comunidad que se mira. Somos miles de ojos.
“Los movimientos del globo ocular hacia la derecha, izquierda, arriba, abajo y a los lados se llevan a cabo por seis músculos oculares y son muy precisos. Se ha estimado que los ojos pueden moverse para enfocar en, al menos, cien mil puntos distintos del campo visual. Los músculos de los dos ojos funcionan de forma simultánea para converger su enfoque en un punto y que las imágenes de ambos coincidan. También está el sentido del tamaño y la distancia.”
¿Coincidir? Sí, claro. Son dos. Tienen que coincidir para ver bien. ¿Y si no coinciden? No ven bien, se produce la doble visión.
División.
Profundidad del ojo y la mirada. Lectura de la belleza compartida. Posibilidad del encuentro necesario. Normal oportunidad que el despertar anhela y trae consigo.
¿Viste cuando abrís los ojos un día común, cuando de repente todo surge de nuevo? ¿Viste cuando tus hijos también abren los ojos y se encuentran las miradas y las sonrisas?
Ojos que atrapan momentos comunes y extraordinarios.
¿Viste cuando ves a tu amor? ¿Miraste últimamente?
Apagá la tele un poco. Y el celular también.
Así ves mejor.     

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